50 First Dates
“¿No sería agradable…?”
No hay palabras para describir lo mucho que adoro esta película. Happy Madison es una de las productoras más bizarras de cine americano, definido por el humor soez/grotesco de Adam Saddler.
Aun así han logrado hacer genuinas joyas sentimentales, y esta es una de ellas. “50 primeras citas” o “Como si fuera la primera vez”, es un hermoso cuento que te recuerda lo lindo, que puede ser un amor sincero, puro, lindo e inocente a pesar de los impedimentos.
En este caso, nuestro héroe tiene que lidiar con que el amor de su vida sufre de una condición que no le permite tener nuevos recuerdos. Y esto es manejado de una forma bastante única.
Lo que fácilmente podría convertirse en una tragedia existencial gracias al sentido irresponsable de humor de Happy Madison y personajes pintorescos, nos hace digerir fácilmente los momentos difíciles y darle color a todos los sucesos.
La película da espacio para sonreír en los buenos momentos y también sentir los malos, y las respuestas optimistas del filme ante estas malas situaciones son completamente inspiradoras.
Henry no solo tiene que superar su miedo al compromiso, además debe lidiar con que la única persona que le hizo superar esos traumas sufre también de una condición que podrá a prueba al máximo su determinación y su capacidad de amar haciendo los intentos más ingeniosos, sosos y nobles para llamar la atención de su amada que no pueden ser descritos de una forma que no sea inspirador.
Por otro lado, Lucy es un personaje fascinante, dulce como ninguna y valiente como ninguna; Drew Barrymore captura muy bien y te hace sentir todos sus matices, desde su sentido del humor hasta su dolor; es alguien que genuinamente quieres ver feliz y sabes que no es que necesita a nuestro protagonista, pero ver que lo ama que lo quiere tanto al punto de querer remover “su carga” a sus seres queridos, es algo que denota nobleza.
Ambos personajes en un punto donde el filme pudo haber terminado ambos siguiendo sus vidas, luego de que juntos crecieron el filme nos brinda una última sonrisa, la perseverancia de nuestro protagonista tuvo sus frutos y obtenemos un final feliz para ambos, donde nuestro protagonista está en un genuino compromiso y Lucy no tiene miedo de vivir una vida normal como siempre la mereció.
No hay nada más bello que recordar lo lindo que es amar incondicionalmente, esforzarte y creer que esos sentimientos son reales y duraderos. Esta película con chistes de pitos no tiene derecho a llegar tanto al corazón, pero no solo lo hace… y es probablemente la mejor...