Nosferatu
Una oda al Romanticismo y al género gótico. Esta película se siente como un sueño febril en el buen sentido. Me atrevería a decir que es la película con la fotografía más bella que jamás haya visto, todas las escenas parecen una pintura al óleo de Caspar David Friedrich. Del mismo modo, el breve retrato de la estética del Cristianismo ortodoxo también es precioso y profundamente evocador.
Las actuaciones son impresionantes, Lily-Rose Depp hace cosas con su cara y con su cuerpo que no he visto hacer a nadie. Nicholas Hoult también está genial, hace un trabajo magnífico conduciendo las escenas (es un auténtico scream king!!!). Por último, Bill Skarsgård está irreconocible. Te olvidas de que es un actor, porque verdaderamente parece un ente maligno. Es una pena que todo su trabajo vocal se pierda en el doblaje.
Hay mucha gente diciendo que esta versión de Nosferatu no aporta nada nuevo a las ya hechas y yo no podría estar más en desacuerdo. Eggers ofrece una visión de los vampiros en las antípodas del erótico Dracula de Coppola, el digno de lástima Nosferatu de Herzog o el terrorífico conde Orlok de Murnau. Aunque más cercano a este último, el conde Orlok de Eggers es puramente diabólico y folklórico. Toda la caracterización que le rodea está profundamente enraizada en el folklore carpático, aunque, con ligeras decisiones estéticas que recuerdan a la leyenda del Fausto. En consonancia con el género gótico, Eggers usa la figura del vampiro para personificar todo lo oculto de la psyche humana y es que los sentimientos de Ellen hacia Nosferatu recuerdan mucho a las respuestas que uno tiene ante un trauma, como la vergüenza y la incomprensión.
Para muchos, quizá no sea la mejor obra del director ya que si se conoce el material original se hace más que predecible, pero para todos los que disfrutamos del Romanticismo y el género gótico, esta película es una auténtica joya. Eggers ha creado una obra impregnada de misterio, belleza y terror. Aunque no reinventa la historia, su Nosferatu se siente como un homenaje profundamente respetuoso y estilizado, una obra que, lejos de intentar eclipsar a sus predecesoras, se erige como un complemento perfecto dentro del legado de esta icónica figura del cine de terror.