The Dreamers
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> *“-I don’t want to be loved very much. I want to be loved.
* -You know, when someone wants it there’s no such thing as love. There are only proofs of love.”
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A veces solo jugamos a ser revolucionarios. Y The Dreamers es justamente eso: tres jóvenes encerrados en un departamento mientras el mundo arde afuera, creyendo que están cambiando algo cuando en realidad apenas están aprendiendo quiénes son. Pero esa ilusión, esa burbuja de cine, sexo, canciones de The Doors, Janis Joplin, Françoise Hardy, política y ternura, es tan intensa, tan pegada a la piel, que uno termina pensando que con solo eso puede arreglar algo más.
Hay una frase que define toda la estructura de la película:
“A filmmaker is like a Peeping Tom, a voyeur, it’s as if the camera is the keyhole to your parents’ bedroom. And you spy on them, and you’re disgusted, and you feel guilty, but you can’t look away.”Así se siente verla: como mirar algo demasiado íntimo, demasiado verdadero, algo que te incomoda y aun así te deja atrapado. Bertolucci filma el deseo y la confusión juvenil con esa mezcla de culpa y fascinación que uno tiene cuando descubre algo que no entiende pero que igual lo marca.
El uso de los espejos en esta película es algo exquisito.
Al final, The Dreamers es una película sobre el momento exacto en que la fantasía se quiebra y la realidad entra a golpes por la ventana. Sobre cómo dejamos de jugar a ser revolucionarios cuando el mundo nos recuerda que la revolución de verdad no solo está en el cine, en la libertad sexual ni en el conocimiento, esta en la mera acción.
“-Because, if you really believed what you were saying, you’d be out there … But you’re not out there. You’re inside with me, drinking expensive wine, talking about film, talking about Maoism…”