Train Dreams
Sentía que apenas comenzaba a comprender su vida, a pesar de que ya se le estaba acabando.
Esta es una de esas películas de las que me hacen recordar que el cine es arte, no una fórmula.
Te hace sentir emociones no por su desarrollo de personajes o por simpatizar mucho con ellos, sino que lo logra a través de una fotografía bellísima y su ambientación.
El formato te hace poner atención a lo que ocurre porque te centras únicamente en lo que importa: en las personas, los sonidos y los momentos, no buscas distracciones ni querer contemplar otros detalles innecesarios.
No pude evitar comparar al personaje de Robert con Arthur Morgan de RDR2, no porque tengan historias similares, sino por su parecido al momento de plantearse cuál es el sentido en su vida cuando ya no les queda nada, cuando el tiempo les ha pasado tan rápido de un momento a otro y finalmente entendiendo de qué iba su vida cuando menos tiempo les quedaba, pero decidiendo vivirlo y no ahogarse en la tristeza, lo que sus seres amados habrían querido y eso también es el duelo.