Paprika
Paprika es posiblemente de las mejores películas animadas del mundo por muchas razones...
En Paprika, Kon decide usar el surrealismo como un baluarte fundamental de la historia. En vez de presentar personajes fantásticos que interactúan de una manera muy real, usa personajes realistas que interactúan a través de un mundo de sueños, donde la naturaleza y los resultados de esas interacciones están regidos por un conjunto de reglas profundamente alterado. Así que, los eventos no siguen el patrón que podríamos esperar. Cuando a Osanai lo disparan en el mundo de los sueños, ¿va a morir también en la vida real? Si Paprika puede cambiar de forma a voluntad, ¿sería posible que la atrapen el presidente del grupo? No tenemos experiencias previas con las que podamos anticipar esos resultados, así que básicamente dependemos al 100% de Kon para definir y transmitirnos las reglas de esa realidad alterna.
Esa es la clave para entender cómo Kon usa el surrealismo para mover la trama de Paprika. La única ventana que tenemos hacia las reglas de este mundo es verlas en acción gracias a estos eventos surrealistas. La trama literalmente no podría existir sin esas escenas: nos dan nuestro único punto de referencia con el que podemos intentar entender qué está pasando en la realidad alterna. Supongo que se podría hacer una película posmoderna que rechace esa idea, pero para que la trama se mantenga coherente tiene que darle al espectador aunque sea un poquito de apoyo con qué agarrarse, por miedo a terminar presentando un desastre arbitrario e incomprensible de historia. Por ejemplo, sin las escenas surrealistas que conectan a Paprika y al Dr. Chiba, no entenderíamos casi nada de cómo se relacionan entre sí los personajes, y entonces no podríamos interpretar muchas de las decisiones que Paprika toma a lo largo de toda la película. Las habilidades de Paprika dentro del mundo de los sueños (y también la mayoría de sus motivaciones) se basan en su relación con el Dr. Chiba. Esto cobra una importancia enorme, sobre todo hacia el final de la película, y sin entender la relación entre estos personajes, prácticamente es imposible entender el clímax de la película o muchos de los eventos que llevan a él.
En cierto sentido, Kon sigue contando una historia muy humana. Muchas de las motivaciones de los personajes son bastante humanas, y gran parte de la película está enmarcada dentro del mundo real. Pero él logra presentarnos la mayor parte del film a través de su lente única, armando este mundo alterno con sus reglas alternas. Así, Kon puede plantear ideas y hacer preguntas que no serían posibles en un entorno esencialmente realista. Metirse a este mundo surreal es, sin duda, una apuesta valiente, pero que vale la pena. Paprika deja bastante marca, y seguro voy a seguir pensando en ella por mucho tiempo. Claro, nada de esto sería posible (ni siquiera remotamente igual de efectivo) sin las técnicas maestras de dirección de Kon, pero ajá...