Blade Runner
"La luz que brilla el doble de fuerte dura la mitad de tiempo"
Blade Runner, la de 1982, dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Harrison Ford, es de esas películas que hoy son obra de culto, aunque en su estreno la crítica la pusiera a parir. Y cuando la ves en el cine, sinceramente, no entiendes cómo pasó eso. Es un espectáculo audiovisual orgasmico (como he leido en una reseña).
La historia es sencilla: un drama policíaco futurista sin demasiadas complicaciones. Pero todo lo que la envuelve es una barbaridad. Ese mundo hiperurbano, sucio, húmedo, lleno de humo, lluvia y pantallas gigantes… es increíblemente detallado. Todo tiene ese look neo-noir perfecto, mezcla de cine negro clásico con estética futurista decadente. Visualmente es una maravilla, una de esas películas que podrías pausar en cualquier momento y te quedaría un póster.
La he visto hoy en un reestreno y he salido flipando, menos mal que me he esperado a verla en el cine, porque esta hecha por y para verla en salas. Es una película que te absorbe y te hace sentir cosas sin necesidad de contártelo todo. El soundtrack electrónico de Vangelis acompaña muchísimo: te mete en mood y te envuelve por completo.
La idea de fondo, los replicantes, ese futuro pesimista (ya no tan lejano) en el que el ser humano está más perdido, frío y torpe que las máquinas, sigue funcionando hoy. Y los personajes, aunque ambiguos, enganchan justo por eso. Aunque puede causar el efecto contrario. Las actuaciones no necesitan grandes exhibiciones, aquí vale más la presencia y el carisma.
El tramo final es una maravilla: la persecución, con un toque de terror sutil y sin jumpscares, mantiene una tensión increíble. Y el monólogo de Roy Batty es pura poesía: reconoce el valor de su vida y recuerdos, transmitiendo un mazazo emocional, su momento más humano y un cierre precioso y durísimo.
El personaje de Deckard también gana mucho porque no sabes quien es realmente. Yo sigo pensando que es un replicante, y ese misterio le añade un toque extra a todo lo que ocurre. Bebe mucho del Clint Eastwood de Sergio Leone aunque aqui el protagonista no es para nada superior a sus adversarios.
Blade Runner, en si, funciona genial como comfort movie si conectas con su atmósfera. Esa mezcla de lluvia constante, neones, música suave y ritmo pausado tiene algo casi hipnótico. Sin esa construccion del mundo y soundtrack la pelicula se queda en poco. Es de esas pelis en las que puedes relajarte dentro de su mundo y disfrutarla aunque ya te la sepas de memoria.
En definitiva, Blade Runner es cine de los 80 en su mejor versión: ambientación brutal, colores y estética neo-noir impecables, un espectáculo visual y sonoro que sigue vigente, y una historia sencilla envuelta en un mundo gigantesco y llena de silencios. Una película que la crítica no supo entender, pero que vista hoy como debe verse, en el cine y sin distracciones es una auténtica pasada.