

> *I want it to look like you* Close enough, welcome back It Follows. Una de las pelis de terror del año y un director al que seguir muy de cerca. Ataca con mucha rabia y tristeza a las terapias de conversión y las trata como algo irónicamente demoníaco, que te posee y que utiliza tu propio anhelo como arma homicida. Visita un par de lugares algo trillados dentro del terror autoral de bajo presupuesto, y en cierto momento literalmente te dice de qué va toda la movida, pero bueno, es verdad eso de que los que usan el subtexto son unos cobardes. Sabes que eres viejo de cojones cuando ves a Mia Wasikowska haciendo de MADRE.

Greatest to ever ball.


El asesinato de Juanma Barbero por los cobardes de A24. Fruto de la serendipia que traen los tiempos de revisonar mitos, la posmodernidad y bla, bla, bla… es cuanto menos curioso que esta película, que tira de iconoclasia con una de las figuras heroicas más recordadas del folklore bretón, coincida en su año de estreno con La Odisea, en la que Nolan vuelve a colocar a un hombre de leyenda delante de su mayor obra, mientras la convierte también en su mayor carga vital. A favor del Odiseo de Nolan diré que, al menos, vía su uso de su narración temporal dilatada marca de la casa, construye un arco de personaje sólido, con el caballo de Troya en llamas y la estatua del templo de Atenea como dos mementos clave para entender quién era (un tipo que hacía vibrar la cuerda de su arco para avisar a su presa en plena cacería) y en quién se ha convertido: un hombre sin honor. ¿El Robin Hood de Sarnoski? No sabemos nada de él más allá de lo quiere hacernos intuir con la violencia que ejerce en sus escenas de acción y las bombas que sueltan personajes a lo "tu mataste a mi padre con una grapadora" o "dejaste a mi marido sin papel higiénico después de cagar". Él mismo repite varias veces cómo las leyendas que cuentan de él son mentiras que él mismo alimentó, pero Sarnoski es parco en detalles (parco en imágenes) a la hora de hacernos ver esa supuesta maldad que habita en el corazón de Robin Hood. En el priorato trata bien a las niños y al leproso, pese a que un principio el instinto asesino (como hemos comprobado) no ha abandonado su cuerpo. Acepta con facilidad su nuevo papel de guardián. Incluso accede de buen grado a hacerle un arco (que debería ser un símbolo de todas las vidas que ha segado) a la niña que ha quedado huérfana parcialmente por sus deseos de morir matando. Debemos alegrarnos de que haya encontrado cierta paz, supongo. Pero no veo arrepentimiento o dolor en los ojos de Jackman, ni siquiera conflicto. Solo el ceño fruncido de un hombre resignado a morir en una película cuyo único interés es su muerte. Y es que al final La muerte de Robin Hood es una película completamente estática. Sarnoski condena al forajido a esta condición porque no cree que su versión del mito merezca una redención en vida. No hay acción (o no quiere generarla) que haga que este Robin Hood nos pueda hacer creer en la existencia de una posible rehabilitación del alma. Solo un sangrado de todo lo malo que guardaba dentro el arquero de Locksley; un sacrificio por todos sus pecados cometidos al prójimo y un descanso que exorciza al monstruo del hombre. Aunque, claro, realmente no le vemos cometer ninguna monstruosidad. Supongo que los relatos de aventuras y las mentiras pueden endulzar hasta las verdades más sórdidas, ¿pero hay verdad en la película de Sarnoski? Me cuesta verla.