I Am Sam
Hemos construido un mundo donde medimos el valor de una persona por su productividad y su agilidad mental, olvidando que la función más básica y vital de nuestra especie es el cuidado mutuo.
Los personajes 'funcionales' de la película están rotos por dentro, aislados por sus ambiciones y su incapacidad de conectar de forma sencilla, mientras que Sam posee una sabiduría emocional que ellos ni siquiera pueden comprender.
Enseña que la paternidad es, en su esencia, un acto de presencia absoluta: un niño no necesita un padre que entienda de física cuántica, sino uno que esté allí para leer el mismo libro mil veces con la misma ilusión. Sin embargo, muestra que el amor a veces no es suficiente frente a un sistema legal que necesita pruebas tangibles de competencia.
Nos obliga a preguntarnos quién tiene realmente la discapacidad, si el hombre que ama sin límites o la sociedad que es incapaz de encontrar un lugar donde ese amor sea suficiente para proteger a una familia.