


Te amo eternamente, Toy Story. Pocas franquicias trascienden generacionalmente su concepto, la evolución de sus personajes y su conexión con el público como esta saga. Creo que en este punto, Toy Story puede darse el lujo de tener algunos guiones no tan perfectos desde el punto de vista objetivo, porque su historia y la relación con el público ya están mucho más allá de la perfección técnica. Esta entrega refuerza mi concepto favorito que planteó el final de Toy Story 3 y después exploró bellísimamente Toy Story 4: ya no somos Andy atravesando el momento agridulce de crecer, somos Woody aprendiendo a dejar ir aquello que ya cumplió su rol en nuestra vida y encontrando un nuevo propósito, aun cuando nos cueste dejar ir. Me parece muy significativo explorar este tema ahora con Jessie, permitiendo a esta audiencia adulta retornar a su infancia no solo para recordar sino para perdonar, hacer las paces con el pasado, encontrarnos nuevamente desde aquellas cosas simples de la vida que acompañaron nuestra niñez y crecer a partir de eso. Eres eterno, Toy Story. Estás más allá de cualquier rating. Gracias por seguir acompañándonos en el caótico, alegre, melancólico, doloroso, magnífico camino de seguir creciendo y encontrándonos una y otra y otra vez.

