

Cómo sorprende que una situación tan injustamente trágica se capture de forma tan sensible. [Hirokazu Kore-eda](https://boxd.it/1Qy9) nos da un pedazo cruel de realidad; una ventana a una infancia abandonada, en la que los padres se despreocupan de sus hijos dejándolos a su suerte, sin protección ni educación que les asegure un presente necesario para labrar un futuro prometedor. Son niños que sufren una progresiva degeneración física y social mientras intentan encontrar su espacio para **ser **niños. “*Nobody Knows*” duele, porque toma un camino de decadencia ignorante sobre el que no podemos hacer nada. Todo depende de un niño, y como en “*Grave of the Fireflies*” (1988), la tragedia llama a su puerta. Frente a esta situación, Kore-eda—en vez de recurrir a un melodrama apabullante—se lo toma con calma, enfocándose en un naturalismo (muy propio de su pasado como documentalista) que nos lleva a apreciar la decadencia en el ambiente, las expresiones y las acciones que tiene que tomar un niño de doce años para sobrevivir junto con sus hermanos. Aparentemente también fue rodada cronológicamente, pudiendo ver y notar el crecimiento de sus actores en tiempo real. Tiene un acercamiento que reduce el impacto directo de sus emociones, pero al hacernos convivir con sus personajes, las hace florecer de una forma puramente humana. Apela a la empatía del espectador, y así halla esos instantes de anhelo, maduración forzada e inocencia reprimida que acaban teniendo un efecto mayor y más memorable que hacernos llorar desconsoladamente. Imágenes simbólicas y emocionales como el avión que sobrepasa sus cabezas, la maleta como medio de transporte y las plantas que engullen el piso en el que están alojados toman también el protagonismo, haciéndose con el silencio conmovedor de la película (muy relacionado con el vacío de la figura del adulto) para insinuar significados desgarradores. Pienso ante todo en esa última mirada del personaje de Akira al cielo antes de volver a mirar hacia delante, afrontando su dura realidad con la resistencia de un niño hecho para jugar y aprender, y no para trabajar y mantener a su familia. Kore-eda sobresale como un cineasta de una sensibilidad muy empática para el realismo, las interacciones que tanto sugieren de una circunstancia lamentable, y la poesía visual más mínima pero imborrable. "*Nobody Knows*" nos pone en la mirada de un niño que experimenta el vacío del adulto, privándole de su infancia poco a poco y sin remordimientos. Es una realidad oculta que nos rompe el corazón. ... 🛩️🪴 "¿Es que no tengo derecho a ser feliz?" > - Lo que me termina de fascinar de Kore-esa es su control de la perspectiva. Recuerdo en “*Monster*” (2023) cómo la subvertía para controlar nuestra propia impresión, pero aquí se convierte en algo más insinuado, presente en la dualidad de Akira. A fin de cuentas, es un niño que debe mantener a su familia, pero convive con las ganas de jugar, aprender y hacer amigos. Ambas circunstancias crean un contraste que hace surgir los momentos más desalentadores.

“*No Other Land*” hace una labor humanitaria sin igual. Su compromiso con el pueblo palestino, a través de los ojos de las personas que sufren la invasión agresiva de Masafer Yatta, nos sitúa con fuerza en el conflicto (con su debida presencialidad). Es una perspectiva que, irremediablemente, aviva una empatía basada en los hechos que podemos ver y corroborar, sin opiniones que se puedan justificar; porque cuando las palabras dejan de tener poder y se pasa a la violencia impositiva, ¿qué opinión cuenta? Las víctimas son víctimas y los opresores siguen siendo opresores, no hay nada más claro, y se agradece que esta película se asegure de enseñarlo con pruebas y un testimonio viviente e inacabado. Mediante la actitud de resiliencia activista de sus protagonistas e imágenes impactantes capturadas en primera línea que dejan claro como todo es una cuestión de poder deshumanizante, irrespetuosa y destructora de la paz que tanto añora la raza humana, “*No Other Land*” plantea: ¿Y ahora qué? ¿Cómo podemos evitar el desalojo, la división y las heridas eternas dejadas en toda una civilización? Espero que este documental, tan revelador, actual e importante, llegue a las personas adecuadas. *Free Palestine.* … “Masafer Yatta existe por una razón, las personas que se aferran a la vida.” “Nos han convertido en extraños en nuestra propia casa.” “Todas las semanas, una nueva familia tiene que escoger entre resistir o abandonar su tierra.” “Toda mi ambición se ve reducida a poder tener una casa.”

Como una pequeña cápsula temporal que nos transporta a la China rural más tradicional—en proceso de grandes cambios tecnológicos—, [Huo Meng](https://boxd.it/PGpV) llena su película de personajes resilientes que habitan un entorno sencillo en decadencia. Rodada en su mayoría con *wide shots,* movimientos de cámara lentos que parecen flotar en el momento, y gente hablando por encima de otra para acentuar la comunidad y el naturalismo, la cinta adopta un punto de vista observacional; como una carta de amor a una época, unas costumbres y una forma de ser añorada. Nos volvemos meros espectadores de algo que fue, y nunca más será; al menos no de la misma manera. Su transcurso fluye con esas intenciones, lidiando con la muerte y los problemas tan propios del momento al mismo tiempo que abraza sus placeres. A medida que llega el cambio hacia lo “urbano”—eso mismo que cambia por completo la vida en esas tierras—la cinta cambia momentáneamente a un ambiente oscuro y tétrico (en ocasiones simplemente visto en una mirada vacía), encapsulado en un último plano tan poético y sensacional como técnicamente admirable. En ese trato de lo urbano, recuerda al “*Evil Does Not Exist*” (2024) de Hamaguchi, pero con un espíritu más sugerente cuando habla de la nueva tecnología; como algo que amenaza el campo desde lejos para destruir su esencia. Es un logro innegable, rebosando cultura puramente china en sus tradiciones y pequeños detalles, aunque me sobra bastante metraje. Ya sea porque su lejanía nos impide entrar del todo en sus entresijos personales, o porque carece de la sustancialidad suficiente como para justificar su duración, “*Living the Land*” no impide que desconecte de su hilo con más frecuencia de la que debería. Aún con eso, es una obra que debemos valorar, por lo personal que se siente, lo documentada que está, y por cómo apela a ese anhelo de una sencillez emocional que todos podemos tener. Encapsula el olor del césped, el amor intenso de la familia, la comunidad de las celebraciones, el trabajo en el campo y las noches de brisa con una gran sensibilidad natural. Te hace vivir entre gente que ya no existe, porque el mundo cambia sin prestar atención a las pequeñas cosas que solo podrán ser añoradas. “*Living the Land*” las rescata, y aunque sea por un momento, estamos ahí otra vez. … “Si los americanos tienen una máquina que les hace el trabajo del campo, ¿qué hacen los agricultores? ¿Hacer el vago todo el día?” > - Comparada a una época incluso más moderna de lo que se sugiere en la película, se ve una mayor presencialidad en el trato de sus personajes. Cómo recuerdan el pasado y lo tienen tan presente para nutrirse y afrontar su presente es algo inspirador. Antepasados pueblan sus mentes, e historias surgen de una realidad inmensamente más despejada que la que vivimos hoy en día. Está bien ver algo así por un momento. > - Tiene un uso de elipsis brutal para aligerar y mostrar la reacción a la muerte del personaje de Jihua. > - Gran película para volver al cine después de un mes de vacaciones. Me pone los pies en la tierra (no pun intended).
