Conclave
Me dolió entrar y ver que a muchos no los conmovió, honestamente esperaba compartir esa posición pero me tomó completamente por sorpresa (lo cual es cómico porque, por pasar tiempo de más en Twitter, leí algunas cosas sobre el final). Teniendo una idea del lugar hacia donde iba la película, y tratándose de algo que me es tan ajeno como la cultura católica, me resultó, como mínimo interesante pero, había en mí cierta certeza (chan) de que me iba a ser tedioso verla. Todo lo contrario, de lo más bello y emotivo de esta infame temporada de premios. No quería hablar del elefante en la sala (EP), pero esta es otra demostración de que, casi siempre, aquello que se autoproclama como pináculo de la diversidad suele ser lo más superficial y carente de sustancia. En estas dos horas, no solamente nos invaden unos planos bellísimos que saben contrastar muy bien lo añejo de la institución con los más modernos artificios, sino una serie de cuestionamientos que van más allá de la religión de cada uno. Me quito el sombrero ante Carlos Diehz; la dulzura y templanza de Innocentius no podrían haber sido mejor retratadas. Agradezco que en el cine y en el arte podamos encontrar estas perlas, aún cuando no las esperamos. Hermosa reflexión sobre la intolerancia, el amor y la fe.