Hamnet
La próxima vez que vaya al cine y sepa que voy a llorar, mejor me desmaquillo los ojos, porque cuando salí de la sala parecía que me habían agarrado a golpes.
Es devastadora, pero no de una forma que torture al espectador. Es un retrato sobre la pérdida de una ser inocente, una familia llena de amor y el uso del arte como una forma de entender y sobrellevar el dolor.
Es una película melancólica, pero profundamente hermosa por su sensibilidad, por sus planos sencillos, naturales y especialmente los fijos, crean una cercanía íntima.
No sé cómo describir lo mucho que se puede sentir con esta historia. Su mayor fortaleza está en las increíbles actuaciones, obviamente de Jessie Buckley y Paul Mescal, pero me sorprendieron las infantiles, específicamente Jacobi Jupe, que hace de las escenas de Hamnet las más enternecedoras, y hasta Noah Jupe, que con poco tiempo en pantalla supo aprovecharlo bien.
Me consoló el hecho de escuchar en el cine los mocos de la gente que también estaba llorando.