Another Round
Me ha encantado cómo la película critica una sustancia que, por desgracia, hemos normalizado hasta integrarla en casi cualquier plan social. Muchos —por no decir todos— hemos pasado por esa etapa de beber cada fin de semana, salir de fiesta y sentirnos invencibles. Hasta que un día dejas de serlo. Hace más de un año que no bebo una gota de alcohol, y puedo decir que mi cuerpo y mi mente lo notan muchísimo. Quizá por eso esta historia me ha llegado de una forma especial.
Mads Mikkelsen vuelve a demostrar por qué es uno de mis actores favoritos con una interpretación llena de matices, y el resto del reparto está igual de inspirado.
Y el final me parece brillante precisamente porque no ofrece una respuesta fácil. Incluso después de perder a un amigo y de ver cómo el alcohol destroza relaciones y familias, la euforia del momento sigue teniendo un poder casi irresistible. Ese último baile es tan liberador como inquietante. Soberbio.