Satantango
“Que se joda el espectador promedio”
Al escuchar estas palabras de Jordi Maquiavelo,(uno de los críticos más importantes de nuestra generación) supe que estaba en lo correcto, porque el arte no atiende ni a razones ni a personas, si se hace hacia uno mismo y lo entregas al mundo, has ganado (como también lo hace Tarkovsky) .
Hay obras que son difíciles, cosas que cuesta digerir más que otras, soy férreo defensor de que el arte no siempre debe ser accesible, ni tiene que estar pensado para hacerte sentir bien siempre, no solo en el cine: Música, pintura, escultura, cualquier tipo de arte. Si no te gusta, adelante, no todo te debe de gustar por supuesto, ahora, desdeñarla porque no eres capaz de hacer el ejercicio de entenderla, ahí sí que no.
“Sátántangó” es una película dificilísima, con una duración de unas 7 horas y media, que en un principio ni siquiera se me ha hecho aburrida, ha sido una de las experiencias más potentes y especiales que he tenido el placer de experimentar en mi vida, sinceramente. Lo que me parece increíble es como Béla Tarr dota a las imágenes de una fuerza inconmensurable a través de sus planos increíblemente sensibles y humanos, su puesta en escena, su lóbrega visión de las cosas…
“Sátántangó” nos mueve y nos tira literalmente al barro, en un pequeño pueblo de la Hungría profunda después de la caída del comunismo, no es un lugar hecho para los seres humanos, durante las 7 horas de película siempre está lloviendo o hay niebla en la pantalla a excepción de los interiores, hay un estado inexorable e intrínseco de humedad palpable que lo inunda todo. Sus personajes, todos bastante reales, se mueven y regodean en el fango como si fueran cerdos, personas que viven por vivir sin ningún atisbo de esperanza o redención en aquella ciénaga infernal a la que llaman casa, una completa miseria, miseria que puede conllevar vivir en ciertas circunstancias, nauseabunda en estado puro, el tiempo que transcurre se transforma en reflexión inevitablemente.
Además, una cosa muy interesante que tienen estos personajes es que van oscilando por los páramos y los caminos como figuras espectrales, ni siquiera se sabe si vienen o van, ni siquiera saben porque caminan hacia una dirección u otra, nihilismo en estado puro
“Sátántangó” se compone de lluvias insufriblemente largas que martillean sobre la tierra reseca por la fétida ciénaga dejando los caminos literalmente infranqueables y al pueblo incomunicado, sumiendo a las pocas personas que viven allí en un estado de desasosiego y desamparo, una extrema congoja que no se puede si quiera soportar.
Obra maestra por los 4 costados, ¿volvería a verla? No creo, de lo que si estoy seguro es que me ha cambiado totalmente la cosmovisión del cine como lo conocía antes.