Prisoners
Sinceramente, Prisoners es una película que destaca por su impecable factura técnica; está sumamente bien grabada, con una dirección de fotografía y una atmósfera asfixiante que atrapan desde el primer minuto. Sin embargo, el principal problema radica en su guion. La premisa del thriller psicológico con desapariciones e investigaciones policiales es una fórmula excesivamente vista en el cine, y la cinta no logra distanciarse del todo de los clichés del género.El largometraje peca de abrir demasiados hilos narrativos interesantes que luego decide no profundizar, dejando al espectador con la sensación de que faltan explicaciones clave. Por un lado, se apresura el conflicto psicológico cuando la pequeña Joy acusa repentinamente a Keller Dover; un giro que, aunque detonante, carece de un desarrollo más pausado.Por otro lado, la película desaprovecha sus elementos más perturbadores. Se pasa de puntillas por la subtrama del sacerdote católico que esconde un cadáver en su sótano y se despacha de forma superficial toda la mitología detrás de la obsesión con los laberintos. Al final, Prisoners prefiere priorizar el impacto del misterio inmediato antes que sumergirse en las fascinantes implicaciones morales y religiosas que ella misma propone.