> *Ella no recordaba desde cuándo jugaba con la otra, pero siempre estuvo ahí. Idéntica. Su compañera de juegos. Nadie más la veía. (…)*
Perturbadoramente precioso. El fantasma de la infancia solitaria, manifestado en la soledad de la adultez. El que me diga que los amigos imaginarios, y los niños en general, no dan miedo en estos escenarios, ESTÁ MINTIENDO. (!!!!)