Lenin, hoy intenté ver una película sobre ti. Pero no era al Lenin al cual estaba acostumbrado a ver y pensar de siempre, al Lenin con vigor, vitalidad, fuerza y un coraje inmenso, sino que era un Lenin completamente devastado, frágil, pequeño. No pude pasar de los diez minutos de película, me quebró, absolutamente. Pero no fue por lástima, sino que por amor, por una eterna devoción. El dolor más puro emergió de mí al verte así, repleto de la más pura e inocente admiración, y del más fuerte y leal respeto. Tu mirífica voz que daba lugar a las puertas de la revolución, se marchitaba. Ahora, es una voz, sí, pero una voz muda. El sentir una fracción del sufrimiento que tuviste en tus últimos días, inundó, como si de una infección en la sangre se tratase, mi alma de tristeza y mi corazón de lágrimas. Me dolió, y me dolió tal como si hubiese perdido a alguien cercano, a un maestro, a un líder de lo más cercano a mí, y es que, ciertamente, eres la persona histórica más cercana a mí. Tu lucha me ha inspirado a seguir con una voluntad de hierro, y una irrompible serenidad y amor hacia la humanidad.
Te quiero mucho, Lenin. (01/05/25)