Monster
Kore-Eda consigue un nivel de pulcritud que no había alcanzado antes. Dentro de los márgenes en los que dirige, todos sus temas están presentes, dramas familiares, problemas fraternales y, sobre todo, mucha cercanía con los personajes.
Aquí realmente se arriesga con una estructura narrativa en forma de tríptico, dejándonos poco a poco ir descubriendo una historia, que de otra forma perdería fuerza. Todos los detalles están pensados al milímetro, las heridas del niño, el sonido de trompetas… todo pasa por algo.