Amélie
Amélie me fascina porque es una película completamente intima. De inicio a fin. Cuando vemos a Amélie de pequeña jugando, riendo, divirtiéndose, con esa música y esos colores la nostalgia nos inunda automáticamente de nuestra propia infancia.
También nos hablan de los gustos de los demás personajes, pero no gustos del estilo: “la música”, “dibujar”, "comer”, etc, sino algo mucho más crudo, más personal: gustos chiquitos. Al igual que nos hablan de algo igual de importante: lo que no les gusta. Y nos lo presentan igual: disgustos específicos, que realmente no pasan mucho y la mayoría ni siquiera nota, pero eso los hacen aun más personales.
Y ahora, inundados de sentimiento por la vida de todos, nos llevan junto a Amélie en una historia de dolor, amor, negación, ayuda y búsqueda de ayuda.
Amélie me mueve porque muestra la indecisión, la cobardía y el miedo de una forma cruda y pura.
¿Qué causa más miedo que el amor? Algo tan fuerte, tan conmovedor, algo que si sale bien te cambia para siempre y si sale mal… también.
La cosa es que Amélie si ama, si muestra su amor, es lo más notorio de ella, me atrevería a decir que ella vive por eso. Siempre busca ayudar, estar presente y notar los detalles. Pero cuando es hora de ayudarla a ella, de estar presente para ella, de notarla a ella… se paraliza.
Su relación con Dufayel es exquisita. Amélie tiene todo para amar pero es cobarde y Dufayel es valiente pero su condición física le impide vivir libremente.
Esos pequeños diálogos con Amélie reflejándose en la pintura de Dufayel son preciosos.
Amélie me aterroriza porque me habla hasta el interior.
Porque, ¿quién no ha sido Amélie en algún momento?, ¿quién no se ha quedado estático ante el amor?, ¿quién no ha hecho pequeños juegos o acciones para llevar a la otra persona a obligarte a que lo ames? Porque si, si quiero amar, si me fascina amar, si vivo para amar, pero, aun me aterroriza, porque me hace vulnerable. El amor me deja al desnudo en frente de la otra persona.
Amélie me llena de calma porque no es perfecta, es humana.
En Amélie, la relación con Nino es gentil, es rara, es caótica, es hasta incómoda a veces pero, ¿no es así todo el amor? En Amélie se nos presenta su relación como dos personas que se encontraron en una situación rara y, después de un par de pequeños encuentros, se dan cuenta que son parecidos. No, no se dedican a lo mismo, no, no viven en situaciones iguales y no, quizás no les gusta la misma música, pero ambos son diferentes al resto, ambos se interesan en pequeñeces, ambos notan cosas pequeñas pero lo sienten en grande. Ambos son pasionales, son curiosos, son hasta obsesivos. Pero no son puros, no son irreales ni perfectos.**
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Amélie conecta conmigo porque no niega nada, todo se lleva con normalidad y humanidad.
Me fascina que, aunque sea una película tranquila, de romance, de reflexiones gentiles, colores cálidos y canciones suaves, aun así no reprime nada. Aun así se nos muestra como Amélie explora su sexualidad con normalidad, intentándolo un par de veces (aunque no le hayan gustado los resultados) e incluso con un poco de morbo, como cuando se preguntó: ¿cuantas personas estarán teniendo un orgasmo en este momento? (si me lo preguntas a mi, creo que en este momento, al menos 12).
Y Nino tampoco se salva, trabajando en una sex shop y existiendo junto a un morbo excesivo casi todo el tiempo.
Y nos muestran que aun con eso se puede amar gentilmente. Que la represión no sirve de nada. Que el sexo está ahí, el morbo está ahí, la perversión está ahí… ¿y qué? ¿eso me impide amar puramente? El morbo, el sexo y la perversión no son tratados como sinónimos de suciedad o enfermedad, son solo humanidad.
En general, Amélie me conmueve porque muestra que es posible existir con dolor, calma, cobardía, amor, sexo y morbo en una armonía exquisita al tacto, al gusto, al olfato, a la vista y al oido.