Dìdi (弟弟)
Me parte el corazón.
Desde que supe de esta película, la esperé con muchas ganas. Había algo en su premisa, en la estética y en lo que parecía transmitir que me atrapó desde el principio. Pero con el tiempo, más que solo una película que esperaba ver, se convirtió en algo de lo que realmente aprendí. Es de esas historias que te sacuden, que te hacen ver cosas en ti mismo que tal vez no habías notado.
Desde el inicio supe que esta película tenía algo especial. Simplemente porque, de todas las coincidencias posibles, aparece la fecha de mi nacimiento al principio de la cinta. Es una tontería, pero ese detalle hizo que la sintiera aún más personal, como si de alguna manera estuviera destinada a encontrarme con ella. ¿Cómo no me iba a gustar?
La primera vez que la vi, me dejó completamente anonadado. Salí de la sala en un estado de asombro total, procesando lo que acababa de ver. Me afectó tanto que no podía dejar de hablar de ella, de recomendarla por todos lados, de insistir en que todos debían verla. Quería que más gente sintiera lo que yo sentí. Y ahora, en este segundo visionado, con más amor y acompañado por uno de mis mejores amigos, mi admiración por ella solo creció. Ya no se trataba solo de la emoción de descubrirla por primera vez, sino de verla con nuevos ojos, de notar los pequeños detalles, de sentirla aún más cerca. Después de esto, puedo decirlo con toda certeza: Didi es una obra maestra.
Pero no es una obra maestra por su historia en sí, sino por lo que transmite. Es una película increíblemente personal, tanto que no puedo simplemente desglosarla en puntos de trama o analizarla de manera objetiva. Lo que importa no es solo lo que sucede, sino cómo se siente, y cómo logra hacerte sentir a ti.
Aun así, si hay algo que quiero destacar es la ardilla de Spike Jonze. La amé por completo. Su introducción es fantástica, y aunque al principio parece que su papel es simplemente narrar la historia, con el tiempo te das cuenta de que es mucho más que eso. No es solo una herramienta para arrancar la película, es un reflejo de lo que siente Didi. Y lo que siente es tristeza.
Didi es un personaje que duele. Su conflicto es desgarrador porque es real: la sensación de no poder encajar, de no ser como los demás, de esforzarte y aun así sentir que no perteneces. Y lo peor de todo es que no es culpa suya. No hay nada malo en él, no hay nada que deba cambiar, pero el mundo no siempre es amable con quienes no se adaptan fácilmente. Eso es lo que lo hace tan triste. Porque Didi no es un personaje egoísta o problemático, no es alguien que rechaza a los demás o que busca aislarse. Todo lo contrario: es buena onda, es genuino, es alguien que solo quiere encontrar su lugar. Pero a veces, el mundo simplemente no te deja.
La subtrama de su madre también me parece bellísima y llena de significado. Es el tipo de personaje que, aunque no siempre esté en primer plano, sostiene toda la historia con su presencia. Ella mantiene todo en orden, se esfuerza por sostener la estabilidad en medio del caos. Pero lo que más me gusta de ella es su sueño: pintar. Para ella, el arte no es solo una afición, es una forma de expresar todo el amor que siente por la vida. Y lo hermoso de esto es que su amor por la vida no viene de la perfección, sino de la aceptación. La vida no es perfecta, nunca lo será, pero ella la ama igual. Y no la cambiaría por nada.
No sé si volveré a ver esta película en mucho tiempo, pero sí sé que siempre va a estar conmigo. Didi se quedó en mi alma, y ahí va a permanecer.