First Man
¡Súper!
La película es lenta, cautivadora y sutil con lo que nos presenta. Más allá de contar la historia del primer hombre en la luna, es personal, pues nos muestra la muerte en primera instancia y la vida como segunda.
Desde la primera escena, Neil y su familia están luchando por la vida de su pequeña, Karen. Ella es el motor silencioso de la película.
Neil es un retrato de cómo la muerte nos atrapa, al punto de que nos enterramos en el proceso del duelo, haciendo invisible lo que más duele.
Janet, es todo lo contrario. Ella habla de la pérdida de su hija y confronta el duelo. Entre ellos se crea la tensión que le da vida al filme.
Los últimos minutos, son pura intimidad. Y es que hay belleza en sanar y nunca olvidar. Es una despedida silenciosa y espacial.
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