Frankenstein
A diferencia de muchos monstruos clásicos, y de tantos “monster romance”, esta es la primera vez que me he sentido tan maternal con uno. Cada vez que veía a la criatura, solo quería ser una madre para él.
Víctor le enseñó lo que era la luz del día, para luego privarlo de ella; su deseo siempre fue crearlo, solo para después abandonarlo. Hizo que la inocencia y la pureza de sus ojos se desvanecieran en una mirada fría.
Víctor creó a la criatura, pero él era el verdadero monstruo.
No quise perdonarlo, y tampoco quise que la criatura lo perdonara; pero cuando lo llamó hijo, solo me quedó la opción de llorar.
Pidió perdón y fue perdonado.