Midsommar
Midsommar es una de esas películas que te llega a incomodar. No es que duela, sino que te fascina con su belleza perturbadora: escenas de una luz cegadora, rituales que fluyen como danzas y Florence Pugh, hace un trabajo increíble. La forma en que su dolor se expande, contagiándose hasta volverse colectivo, es puro arte. Actúa con los ojos, con el cuerpo, con cada grito ahogado. Una obra maestra del horror emocional.