Sentimental Value
*Hasta un reloj roto da la hora dos veces al día
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Sentimental Value, película que, irónicamente no cae en el sentimentalismo clásico. En una época donde todas las obras parecen sobre explicarse, donde la profundidad emocional se interpreta como un sinónimo de melodrama. Este filme se construye con una credibilidad impresionante, y unas visuales cálidas, personales, cada plano construye una ilusión de cotidianeidad y vuelve a la obra aún más íntima.
Lo que realmente se queda contigo luego de esta película son los personajes y las relaciones entre ellos, construidos a partir de un guión complejo, no de una manera pretenciosa, todo lo contrario. Su excepcionalidad nace de la sutileza, de lo que se dice y de lo no, de las vacilaciones y las treguas silenciosas. Dinámicas familiares de las que no conoces ni sos parte, pero te das cuenta de lo que representan para ellos, te das cuenta de la intimidad de las risas secretas y de las burlas cómplices. Podes sentir todo este amor suspendido en el aire todo el tiempo entre ellos, podes ver la vulnerabilidad en sus ojos cuando no saben donde ponerlo. Dónde realmente inicia el perdón y qué tanto pueden salvar de ellos mismos; de su familia; de su lugar en el mundo como estrella; como padre, como hija, como hermana. Lleva una constante búsqueda de resignación, de un perdón o un consuelo que nunca llegó por años. Las actuaciones sólo pueden resumirse como una genialidad conmovedora, sutil y real, no parece que estás viendo la película, sentís que es la vida real.
Admiro lo logrados que están los arcos de personaje, como el guión no cae en la demonización de ninguno de ellos, por como presenta el cómo cada uno sufrió a su manera e hizo todo lo posible para no terminar siendo un fracaso a causa de sus carencias, porque no podían permitírselo, como si todo ese dolor tuviera que haber servido para algo.
Para mí es ahí donde entra el arte, es el punto de reconciliación entre Nora y Gustav, lo que sólo ellos entienden, medio en el que ambos se reconocen y se admiran. Se ven reflejados y por al menos en ese momento, no ven lo peor de ellos mismos en el otro.
La conclusión de este filme para mí es un final feliz, es una pequeña victoria para las personas que piensan que algo está demasiado roto como para intentar componerlo. Nunca es tarde para aceptar a los que querés, y no hay nada de vergüenza en admitir que lo hiciste por amor.
Ojalá pudiera hacer películas como vos, Joachim Trier.