Queer
Queer, de Luca Guadagnino, no es una película que se “entendí” de forma inmediata, es una película que se siente, es como si sintiera que se filtra lentamente bajo la piel. Desde el inicio, la historia de William Lee no se presenta como un relato romántico clásico, sino como una experiencia fragmentada, casi febril,donde en el cual el deseo, la soledad y la obsesión se confunden. Lee no ama desde la calma, sino que ama desde la carencia.Es casi como si ya supiera que eso que desea no va a alcanzarlo del todo. Esa distancia —entre lo que se anhela y lo que se obtiene— es el verdadero “motor” de la película.
Guadagnino traduce el mundo interior del personaje en imágenes físicas, incómodas y profundamente simbólicas. Las escenas donde los cuerpos parecen abrirse, deformarse o “escupir” algo que nace desde adentro son la materialización de ese sentimiento de vulnerabilidad absoluta. Es como si los personajes no pudieran contener lo que sienten y el cuerpo se viera obligado a hablar por ellos. El corazón, lo interno, lo que debería estar protegido, queda expuesto. Amar en esta pelicula se muestra visceral, torpe, desesperado.
Uno de los momentos más reveladores ocurre en esa conversación que parece sencilla en la que una mujer le dice a Eugene algo como: “Si la puerta está abierta, ¿por qué mirás hacia otro lado?”. La frase funciona como un golpe silencioso. No me parece sólo un comentario casual, sino una pregunta que atraviesa toda la película. Eugene, y en cierto punto también Lee, viven frente a una puerta abierta —el deseo, la posibilidad, la identidad— pero eligen no mirar de frente. Hay miedo en esa evasión: miedo a nombrarse, a cruzar el umbral, a aceptar lo que uno es cuando nadie más está mirando. Esa escena condensa el conflicto central de Eugene: su ambigüedad no es sólo deseo reprimido, es una forma de protección. Mirar hacia otro lado es más seguro que enfrentarse a lo que una puerta abierta exige.
El viaje y la experiencia con el yagé marcan un quiebre,no es simplemente el consumo de una sustancia, sino de un rito de paso, de una búsqueda casi desesperada de conexión absoluta. Lee no busca placer ni escape: busca disolución. Quiere atravesar la frontera entre él y el otro, borrar los límites del lenguaje, del cuerpo, del yo. Sin embargo, la escena posterior al ritual deja claro algo devastador: incluso en el estado más alterado, incluso en la experiencia más extrema, la soledad persiste. El viaje interior no garantiza unión; a veces sólo amplifica el vacío.
Tambien creo que las armas, presentes de forma constante, funcionan como símbolos de control y amenaza, pero también de impotencia en cierto modo creo que no son sólo objetos de violencia, sino tambien recordatorios de una masculinidad rígida, de una necesidad de afirmarse desde lo externo cuando lo interno está en crisis. En contraste, las escenas de drogas, las cuales no se romantizan o algo por el estilo, sino que se muestran como intentos fallidos de” anestesia emocional”. Nada logra apagar del todo esa ansiedad de ser visto, tocado, comprendido.
El final, con la serpiente formando un infinito mientras se muerde la cola, es una de las imágenes más poderosas de la película, al menos para mi. El uróboro representa el ciclo eterno, la repetición, el deseo que se consume a sí mismo. La lágrima que cae rompe la idea del símbolo: incluso lo eterno duele. Es la aceptación de que el patrón no se rompe, pero sí se reconoce. Lee no alcanza la fusión que busca, pero alcanza algo más silencioso y trágico: la conciencia de su propio recorrido emocional, de su naturaleza circular.
A esta película la senti casi como una experiencia sensorial, me gusta los temas que toca, como el deseo no correspondido, la identidad como herida abierta. Y OBVIO VER A DREW Y DANIEL JUNTOS EN UN PROYECTO HACIENDO UN TRABAJO HERMOSO.
Queer no me dejó tranquila ni me dio respuestas o alivio, m dejó con una sensación extraña, como de haber visto algo muy íntimo que no me pertenecía del todo, pero aun así me tocó. Es sobre querer más de lo que el otro puede dar, sobre mirar puertas abiertas y no saber si animarse a cruzarlas, darse cuenta que quizas lo mas doloroso no es una puerta cerrada sino tener una abierta y que nadie se anime a mirarla ,sobre la tristeza silenciosa de desear sin garantías,
Queer es una película sobre volverse incorporeo: sobre el deseo de dejar el cuerpo, el nombre y la forma para ser sentido sin límites; pero también sobre la tristeza de descubrir que, incluso cuando todo se desarma, el yo permanece, girando en silencio, como un infinito que no se rompe.
Es disolverse en el otro, y de entender —con dolor— que ni siquiera ahí se puede escapar de uno mismo.
#by myself