Parasite
Madre de dios, qué buena que es Parásitos.
Se ha hablado hasta la extenuación en estos seis años de los significados tanto ocultos como evidentes de la película y sus simbolismos, pero es que uno la vuelve a ver y no siente que la peli pierda ni un poquito o que solo fueran trucos para enganchar. Todo lo que rodea la trama tiene chicha y sigue funcionando a la perfección.
Por otro lado, Bong no da respiro al espectador en este thriller que no podría tener mejor ritmo: cuando te quieres dar cuenta, la familia Kim ya está toda metida en la casa de los Park, al igual que pasa con la trama en la película.
Escenas como la del melocotón o la de la lluvia (desde la tensión en la mansión hasta la huida y la situación en la que queda el semisótano ante el torrente de agua), el giro del sótano... iconos de la cultura popular que han llegado hasta a convertirse en memes identificables por todo el mundo como el de Song Kang-Ho conduciendo con mala cara.
Es insuperable. Parásitos no solo es una de las mejores películas de la pasada década si no ya del siglo y de la historia del cine. Este hiperbolismo solo se puede dar con obras de este calado pero es que es casi imposible que una película así pase de moda. O seguirá vigente o es que oye, hemos evolucionado como sociedad a un estado superior.
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