Blade Runner 2049
Una vez "Blade Runner" (1982), de Ridley Scott, se preguntó cuál sería la característica que nos hace humanos y llegó a la conclusión de que los recuerdos capaces de evocar emociones y darle sentido a una vida eran la respuesta a esta misma pregunta, llega Denis Villeneuve con su secuela para llenar aquel rincón inexplorado que dejó la primera; aquel rincón que pone en duda el valor que adquiere la existencia de alguien dadas ciertas circunstancias.
"Blade Runner 2049", una de las más enormes, envolventes y visualmente placenteras obras de ciencia ficción que se ha estrenado en los últimos años, funciona como una portadora de cuestiones existenciales tremendamente cautivadoras que se hace un hueco entre lo mejor del género. Grandes de las preguntas que, siendo sincero, se encontrarán persiguiéndome de aquí en adelante, son tratadas de la forma más encantadora gracias a sus vastos escenarios, personajes atípicos, ambientación hipnotizante, una gradación del color fascinante, ritmo pausado y, principalmente, gracias al universo en el que nos adentramos nada más comenzar.
Este es un universo en el que lo robótico y lo humano se han entrelazado hasta provocar que las diferencias entre ambos se hagan casi imperceptibles. Lo digital, que actualmente denominaríamos "falso", y lo real, han establecido una conexión tal que no podríamos juzgar si las emociones originadas por un aparato tecnológico avanzado son menos dignas que las que sentiríamos hacia un humano con corazón y recuerdos fidedignos. Con esta barrera esencial eliminada, lo que se nos presenta ante nosotros es una verdadera distopía en la que las interacciones entre ambos mundos, que ahora es uno solo, generarán situaciones inquietantes con un replanteamiento de la memoria, la experiencia y las creencias algo trágico puestos en la situación del personaje interpretado por Ryan Gosling.
Lo que se comenta aprovecha una opción alternativa que dejó el final de la anterior "Blade Runner", colocándonos bajo la mirada perdida de un replicante (el agente K) que no se puede fiar de sus propios recuerdos. Aquello que hacía al agente Deckard y a los replicantes de la cinta merecedores de ser tratados como humanos, es prácticamente borrado dada la posibilidad de que lo que se ubica en la cabeza de los nuevos replicantes no les haya ocurrido de verdad. En el instante de su creación, han sido dotados con recuerdos imaginarios que no han llegado a suceder, lo que provoca que lo único que hace valiosa su vida es lo que aún está por formar. Indudablemente, esto es algo angustioso, pero los replicantes se ven a gusto con ello, pues pueden asignar el sentido de su vida a otros aspectos tales como el amor.
No mucho después del comienzo del filme advertimos un atisbo se esperanza. El agente K descubre cierta relación entre uno de sus recuerdos más vívidos y un trabajo que le han ordenado realizar. ¿Puede ser que sus recuerdos, inesperadamente, sean fiables y haya sido engañado toda su vida? ¿Puede ser el primer replicante de su modelo con una historia? Es esta búsqueda de uno mismo en la que se centra el transcurso de la película, encontrando evidencias que le harán cuestionarse su posición en el mundo y para qué está hecho.
Movido por sus ansias de hallar si es único, se topará con la verdad, y aunque la verdad puede, en ocasiones, suponer la ganancia de algo, para K supondrá la pérdida de casi la totalidad de lo que le hacía seguir adelante.
Para empezar, los conflictos del viaje acaban por arrebatarle a su pareja artificial, lo que provocará que no tenga nada a lo que apegarse si finaliza de alguna manera indeseada. Por desgracia, en el desenlace del camino descubre que aquel recuerdo que lo movió a investigar lo que lo rodeaba, no es suyo, sino de la persona que creó sus recuerdos. Naturalmente, la fe que tenía en ser único desaparece como lágrimas en la lluvia, y no tiene nada que volver a amar. Se podría decir que, en este momento, su vida no merece la pena, a no ser que la entregue por una causa mayor. Aquí es cuando se topa con otros replicantes que planean rebelarse en contra de los humanos que les crearon para servir, lo que consigue incitarle a hacer una última labor, por ellos y su futuro. Su último aliento sale de su cuerpo, mientras sabe que su existencia no ha sido en vano. Es esto lo que nos muestra que, por mucho que la vida de alguien haya sido originada a través de falsos recuerdos y por mucho que lo haya perdido todo, siempre encontraremos algo de valor en ella. Una persona, en este caso, no se formaría por su memoria individual, sino por el recuerdo de él que dejará en las demás gracias a su valentía y a la renuncia de su pasado. Su muerte significará que todos sus recuerdos, dolorosos o no e inventados o no, desaparecerán, y eso es lo triste de esta historia, pero algo permanecerá mientras haya dejado su huella.
El golpe emocional que experimenta uno tras percatarse de esto no podría ser mayor. Es un film que llega al corazón de forma inteligente, y es mediante sus predominantes silencios que se le otorga un poder eminente a la palabra. Cualquier frase articulada a lo largo de su alargado metraje presenta su relevancia, y esto, en conjunto con las interpretaciones de todo el elenco de actores que, en su mayoría, dejan que lo que suceda repose como una continua observación y procesamiento de una verdad magna, forma un visionado preciso de gran impacto en el espectador al haber escogido cuidadosamente lo empleado en cada toma y lo que no. Dado esto, podemos presenciar algunas de las secuencias de acción más satisfactorias y trepidantes, instantes en los que la expresión del personaje lo es todo y, sobre todo, líneas de diálogo que, por su escasez, se hacen memorables.
Con respecto al aspecto más deslumbrante del largometraje, debo decir que la cinematografía de parte de Roger Deakins es algo completamente inhumano. Tras haber visto lo que nos tiene para ofrecer, sigo sin creer que sea verdad que algo pueda ser rodado con tanta belleza y perfección. Haciendo uso de sus enormes escenarios y un posicionamiento de la cámara cuando menos meticuloso, se nos transmite la soledad del Agente K; una soledad irregular aunque constante. Y es que su emotiva soledad viene en un comienzo de la posibilidad de ser único, lo que le brinda frustración al haber sido engañado toda su vida y ser parte de algo particular aunque de gran impacto, pero después se torna un tanto más lamentable al basarse en lo perdido. Villeneuve, con su mano maestra, es capaz de capturarla en todo su esplendor, y es esto lo que la llena de vacío, algo que, planteado así, es un tanto paradójico.
No solo eso, sino que por la magnitud de lo mostrado y el contraste que hace con la figura del protagonista, se puede advertir cómo lo que estamos contemplando refleja, asimismo, la importancia del mensaje representado. Es una película imponente y de grandes ambiciones que se hace notar sin tan siquiera dar la sensación de que trate de aparentar ser más.
Probablemente, una de las obras de ciencia ficción más conscientes de lo que quieren lograr que he visto y, siendo de lo más meticulosa, trascendente, bella y sentimental, acaba por entregar una visión del universo de Blade Runner fuertemente dolorosa y existencial que nos deleita con el pensamiento de que, por mucho que nuestros recuerdos se vayan como lágrimas en la lluvia, siempre puedes dejar huella en algo más grande. La memoria conforma al ser humano, pero ¿sirve como excusa para vivir? ¿Nos podemos aferrar a un recuerdo?
10/10 🤖❤️💧
“Porque nunca habéis visto un milagro.”
“¿Creías que eras tú?”
#1/ Lo humano no es aferrarse a la vida, lo humano es saber cómo morir. Lo humano es vivir para perdurar. Lo humano es vivir y morir por los demás.
#2/ Esta película me ha hecho ver "Blade Runner" de otra manera. Creo que fui demasiado injusto con ella. Tengo que volvérmela a ver.
#3/ Una escena que me ha parecido increíble y podría repetirla 1000 veces seguidas es la pelea entre el personaje de Harrison Ford y el agente K. Un holograma de Elvis de fondo, música y la tensión que genera la pelea.
#bymyself#own#blu ray