Oasis
Lee Chang-dong tiene una forma de enfrentarnos a la tragedia realmente propia y peculiar. Se toma su tiempo desarrollando sus personajes a través de pequeñas y naturales interacciones que revelan su carácter, introduciéndonos en la dinámica de sus vidas para acostumbrarnos a su presencia. Cuando llega el momento de impacto, se representa a través de la misma lente, impresionando simplemente por la naturaleza del momento y las consecuencias que vendrán más tarde. En “Oasis”, esto es crucial, porque sin evidenciarlo o remarcarlo, crea una fuerte reacción personal. Nos incomoda y nos desafía sin gritarnos a la cara, y de esa impresión parte para formar su narrativa.
“Oasis” nos hace parte de la película, porque criticando a nuestra moralidad social, nos reta como seres humanos.
Presentándonos un personaje con problemas mentales que acaba de salir de la cárcel, la película navega por su amoralidad. Va a comer sin tener dinero, mordisquea un trozo de tofu directamente de una tienda callejera, pasea por la carretera despreocupado, y tiene delitos que indican pasados errores graves. Se aprecia que el chico no distingue bien los límites morales de la sociedad.
El punto culminante llega cuando conoce a una chica con discapacidad física, dejando que sus instintos tomen la iniciativa para intentar violarla. Es un momento de verdadero impacto, pero ¿qué se esperaba, si no se movió ni un dedo para evitarlo?
Sin control, sin ayuda y con total independencia, era un final en el que acabaríamos desembocando. Es entonces cuando, a través de la historia de amor que florece a raíz de ese momento (sorprende que tan siquiera pueda darse, pero terminará por transmitir una gran empatía) se moldeará nuestra visión del hecho. ¿Cómo podemos juzgar a alguien que no sabe lo que hace? La violación, el robo, la violencia… todo es horrible, pero no dejan de ser hechos. ¿Qué es de la persona?
Chang-dong se ocupa de redirigir nuestra mirada, señalando a los prejuicios de la sociedad, a la despreocupación de las familias de los discapacitados (que quieren “convertirlos en humanos normales”), y a la fragilidad de la nuestra moralidad. Sin imponerse con melódicas bandas sonoras o dramático juego de luces—confiando en la capacidad del espectador para procesar lo que ve—, se vuelve una obra tremendamente valiente y dolorosa, controlando la perspectiva con una astucia apabullante.
Esa misma perspectiva (que nos introduce eficazmente en las preocupaciones, los deseos y las emociones de sus protagonistas) toma un aspecto un tanto más fantástico cuando se pone bajo la mirada de la chica discapacitada. Soñando con la posibilidad del amor—su “oasis” personal—, imagina escenarios en los que su discapacidad es inexistente. Así, el cineasta mezcla naturalismo puro con la poesía del deseo, poblándose de imágenes que rebosan alegría pero sugieren algo desgarrador.
Con eso en mente, Chang-dong también consigue interpretaciones increíbles. La extraordinaria manifestación de la discapacidad por parte de Moon So-ri es algo tan intenso y creíble que hay que verlo para creerlo (creando un contraste chocante cuando cambia repentinamente a su versión sin discapacidad), aunque la de Sul Kyung-gu, con sus manías más discretas y en capas, es la que termina por sorprender de formas insospechables. Se vuelven dos actores titánicos.
En definitiva, “Oasis” es una película que nos reta, moldea nuestra empatía y nos abruma con una tragedia amorosa desgarradora. Se hace difícil de ver, pero en ello se encuentra lo más evocador. Una obra tan sutil como impactante, como suele ser habitual en su cine. “Oasis” dirige nuestra humanidad.
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“We need to protect society from him.”
- En vez de crear sus momentos basado en la emoción a la que quiere llegar, deja que la emoción florezca a través de sus momentos, interacciones y hechos. Es algo muy característico de su cine, y muy evocador, porque trae momentos humanos que muestran muchísimo. El baile en la autopista, el lloro de la chica mientras se pinta los labios, el rezo del cura y la familia por el protagonista…
- También caracteriza a Chang-dong una sutil pero cruda ironía. Su título, “Oasis”, lo indica, como lo hacía su “Secret Sunshine”. Son tratos crueles, pero muy evocadores y conmovedores.
- Se me hace complicado hablar de Lee Chang-dong. Tan sutil, tan detallista, tan humano y tan minucioso. Es señal de un cineasta excepcional.
- Solo dos personas podían sacar películas que retan al espectador con ironía visual, tragedia, y con una escena de violación (o el intento de ella) como punto central el mismo año. 2002 era de Lee Chang-dong y Gaspar Noé.
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