Persona
La intimidad que Ingmar Bergman logra alcanzar con su exploración de una mentalidad atormentada es brillante; confusa, pero esa viene a ser la intención.
Se me hace difícil escribir sobre "Persona", principalmente porque su significado puede variar dependiendo de la persona a la que se le pregunte. Esto es debido a que la experiencia que ofrece es tan personal que la labor del espectador será la de encontrar lo que resuene con él, sin importar cuán profundo indague en el desconcierto cinematográfico de la cinta. Hablar de "Persona" es hablar de lo que ha percibido uno mismo, y es por ello que no me salen las palabras, porque la idea que captura no deja de distorsionarse en mi mente.
Bergman hace algo indescriptible con esta obra maestra. Técnicamente, es un portento. Lo que me hace decir esto es la relación que tiene su narrativa con la imagen. El cineasta pone todos sus conocimientos dentro de la dirección y la escritura para crear planos que sobresalen por su contenido simbólico y composición. Dentro de nuestra percepción, se vuelven puntos de referencia para formar los temas que se nos transmiten, y dada la subjetividad visual que complementa a su trama, la convierten en una película hermosa y profundamente inteligente.
Gracias a ello, el "análisis" psicológico que supone su narrativa se vuelve una experiencia cinematográficamente trascendental; una que nos guía por dos interpretaciones muy distintas que contrastan de una forma tremendamente sombría. Y es que es un filme que, con el objetivo de reflexionar sobre un aspecto profundo del humano, se enfoca exhaustivamente en dos peculiares personajes cuya relación progresa de un modo oscuro e intrigante.
Para poner en contexto, Bibi Andersson encarna a Alma, una enfermera que se ocupará durante un tiempo de Elisabet, interpretada por Liv Ullmann, una actriz de teatro que ha decidido no volver a hablar. Ambas pasan momentos íntimos y tendrán conversaciones en las que una habla sin parar y la otra solo mira y escucha. Hay confesiones, picos emocionales y ocurren cosas anormales; todos siendo factores que nos llevan a ese giro de guion impactante que nos deja a nuestra merced para atar los cabos que seamos capaces de atar. Solo así averiguaremos de qué trata, o al menos averiguaremos de qué trata para nosotros.
Personalmente, yo opino que captura la dualidad mental de una persona tras haber realizado un acto del que se arrepiente al no estar de acuerdo con el mismo. Es una dualidad compuesta de la propia acción (Elisabet), y los pensamientos que uno mismo tiene en lo profundo de su ser (Alma) y que ignora cuando hace algo fruto del éxtasis del momento. “Persona” nos muestra esta relación de aspectos humanos encarnados, que se contradicen y que se separan hasta tal punto que no se reconocen entre ellos.
Tal tema se puede apreciar mediante sus interacciones. Tenemos el ejemplo del texto que Alma escribe y que esta le lee a Elisabet, pidiéndole su opinión; una que contradice con la suya propia y nos muestra esas diferencias dentro de ella misma. También se aprecia un contraste de intenciones que revela mucho. Por medio de instantes inquietantes, Bergman me hace tenerle una gran desconfianza a Elisabet, pues no comunica nada y solo actúa atendiendo a lo que parece un estudio de Alma o incluso un intento de controlarla. En mi idea cambiante de "Persona", esto se correspondería con que la acción causada por un cúmulo de sentimientos incontrolables es capaz de controlar a nuestro lado más racional en momentos de miedo, impotencia, vergüenza o culpabilidad.
Hallo en ambos personajes demasiado del psique de la persona a la que representan. Una historia que cuenta Alma sobre una pequeña orgía en la playa se hace muy relevante cuando indagamos en los sentimientos involucrados en la misma (hace algo con su cuerpo que no quería hacer o que no debería haber hecho), sus opiniones y experiencias acerca del hecho de ser una madre llegan a un consenso que veo un tanto simbólico cuando se llega al giro de guion, y la forma de actuar de ambas se hace profunda mientras seguimos un hilo de turbación difusa que sugiere locura, aunque, según veo, en un grado leve muy humano.
Estas son algunas de las cosas que describen mi forma de ver la obra, dejándome por el camino ese plano histórico del niño intentando tocar el rostro de su madre sin éxito al tener un cristal que lo obstaculiza, o el de Elisabet mostrando la frente de Alma mientras sonríe (transmitiéndonos su control); planos que nunca olvidaré por su valor narrativo. Asimismo hay algunos que sigo sin descifrar, pero eso es lo que hace a esta cinta tan fascinante y frustrante al mismo tiempo. No puedo dejar de pensar en ella, y a pesar de lo que he dicho en la reseña, tengo la sensación de que he rascado la superficie. ¿Por qué Elisabet decidió irse a una casa a las afueras? ¿Por qué vemos la breve imagen de un rodaje y el reflejo de la que parece ser Elisabet en la cámara?
Esos son significados que algún día averiguaré a mi manera. Son los que hacen a “Persona” una de las piezas de cine subjetivas más intrigantes y extraordinarias. Su oscuridad, su confusión, su intimidad y su acercamiento atípico a una mente fracturada constituyen una exploración psicológica que se siente muy personal. ¿Qué intenciones tendría Bergman a la hora de crearla? No estoy seguro, pero con ello ha hecho historia del cine.
Dos caras aparentemente opuestas de una misma mente. Dos caras que se enfrentan a la verdad de una misma persona.
10/10 🧠
“¡Yo no soy como tú! ¡Yo no siento como tú!”
#ByMyself#filmin