Ren Faire
A veces ciertas personas son tan absurdas que se vuelven irreales; una fantasía. “Ren Faire” orbita alrededor de una de ellas, un rey deleznable con espíritu de bufón a punto de retirarse que trata a sus discípulos con rabia y orgullo. En el contexto de la jerarquía de poder de la Feria del Renacimiento de Texas, todo se vuelve incluso más surrealista. ¿Hasta qué punto el status de rey deja de ser una fantasía y pasa a ser una realidad prácticamente tiránica?
Realidad y apariencia se mezclan en el que es un documental seducido por las herramientas de la docuficción, con tanta personalidad y atractivo estético que su triunfo se vuelve innegable.
Sobra decir que “Ren Faire” no es tu documental al uso. Lance Oppenheim, que viene de su sensible, estilizado y trascendente “Some Kind of Heaven” (2020)—que también ponía apariencia e interior en conflicto—, agarra una premisa parecida y se inclina por completo hacia la energía americanizada (muy similar a como lo hace Paul Thomas Anderson, con sus whip pans, dollys, y una exaltada banda sonora) de su sujeto de estudio.
Tres devotos contendientes a heredar el trono del “King George”, miden sus aportaciones y oportunidades en una carrera por ver quién merece ser el que ascienda cuando este, entre jovencitas, erecciones y aislamiento, decida retirarse. Parece mentira.
Con una dinámica casi de tragedia shakespeariana y creando una fascinante narrativa alrededor de todo esto (poniendo en pantalla tanto ebrios escenarios imaginarios como voice-overs evocadores), Oppenheim crea una obra tan estilizada y original que te hechiza con un pedazo de realidad muy reveladora. Sumado a esto viene su dominio del lenguaje cinematográfico, que hace que esa realidad se vuelva tremendamente expresiva, dejando que las personas se retraten a sí mismas mientras expone su propia visión—normalmente dirigida a la sátira—a través de una sugerente, rápida y simbólica cámara (se me viene a la cabeza, como ejemplo, un plano-contraplano entre alguien interpretando a un mendigo que comparte una mirada con el rey en su carruaje, usando tanto el picado como el contrapicado).
Serializarla en tres capítulos de una hora se vuelve una excusa para no convertirla en su magnum opus de tres horas, porque “Ren Faire” es más que un documental; es un vistazo al control, el arte, la dependencia, la fantasía y la humanidad regocijada bajo la mirada de un personaje miserable, lujurioso e irascible, algo que, por desgracia, lo convierte en un personaje alucinante.
El arte dice mucho de la realidad, por eso cuando se estiliza o “teatraliza” la vida, se genera una ventana abierta al alma. Entre almas corruptas y espíritus hambrientos, Oppenheim deja que la falsedad hable por sí sola, dando voz a una historia de traición, dinero y apetitos que no deja de ser una puerta abierta de par en par al ser humano. Grandiosa intimidad.
…
“What’s a king without his kingdom. He’s nothing.”
“It’s different to be a millionaire than to be a king.”
- ¿No es acojonante que George Coulnam, el protagonista del documental, se suicidase un año después de su estreno?
- Esto se asemeja más a lo que creo que Oppenheim hará con su “Primetime”. La estilización de lo siniestramente sexual, la energía de la carrera y la expresión más extraña del ser humano.
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