Walker
Como un espíritu tangible, el protagonista de “Walker” se pasea frenando las revoluciones de la población actual.
Tsai Ming-liang propone un cortometraje de planos largos y movimientos casi imperceptibles entre la rapidez y sobre-información de las metrópolis actuales. Más que una obra reaccionaria, es una obra silenciosa que recuerda el placer de lo mundano, solo conseguido con la apreciación contemplativa de la vida misma (fácilmente apreciable gracias a la belleza de sus planos). Como concepto es fantástico, pero como obra en sí misma se convierte en algo más cercano a una obra experimental de museo contemporáneo que a algo con un mínimo de narrativa.
En una época de impaciencia y grandes ambiciones, algo como “Walker” es una buena anomalía (solo hay que ver las miradas de la gente que pasa al lado del protagonista). Da que pensar y quizás sentir, pero si me ha costado siendo un cortometraje, sería incapaz de adaptarme a su ritmo si fuera un largometraje. Llámalo problema de la sociedad o problema mío, pero si es problema de la sociedad, al menos se valora por lo acertada que se vuelve.
Debemos frenar para poder apreciar; debemos frenar para poder vivir.
…
- Es mi introducción a la franquicia “Walker”, con demasiadas entregas. No sé si también será mi última, pero hay que apreciar la dedicación de Ming-liang.
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