The Social Network
Facebook no inventó las relaciones sociales. Solo las digitalizó. Y eso bastó para transformarlas como no habían sido transformadas en siglos.
Los prejuicios sociales, la hipersexualización de la cultura y los capitales sociales, culturales, simbólicos, económicos y eróticos fueron digitalizados y puestos en un muro a disposición del usuario. En ese mismo momento, sin embargo, el usuario comenzó a perder el control sobre su propia información. Lo que publicaba podía ser evaluado socialmente, reconocido como verdadero o juzgado como un intento de aparentar algo que no era. La identidad comenzó a convertirse en información: estadísticas, algoritmos y números que terminarían controlando el ritmo de las relaciones sociales.
“Explotamos una vulnerabilidad de la psicología humana”.
Y eso fue suficiente.
Bastó con descubrir una vulnerabilidad humana para que una red social se convirtiera en una de las empresas más poderosas del mundo y para que Mark Zuckerberg se convirtiera en el millonario más joven de la historia.
Lo más irónico es que, al menos en el origen de esta historia, el dinero ni siquiera parecía ser el objetivo. Todo comenzó con algo mucho más pequeño y mucho más humano: un joven que quería humillar a una exnovia y convertir un cotilleo en una interacción digital.
La historia de cómo una de las mayores transformaciones sociales del siglo XXI comenzó con algo tan antiguo como el resentimiento, el ego y el deseo de ser reconocido.