Yi Yi
La tesis principal de Yi Yi es relativamente “simple”: la vida como un ciclo-espiral. Aunque en apariencia es sencilla, posee una gran complejidad en lo que muestra y en las reflexiones de sus personajes, lo que la convierte en una experiencia sumamente contemplativa.
De manera ingeniosa, convierte lo que serían puntos de inflexión narrativos en escenas donde los personajes reflexionan sobre su condición. La familiaridad de estos momentos transforma esas reflexiones en algo más amplio: reflexiones sobre la condición humana, en las que resulta casi imposible no involucrarse como espectador y pensar en momentos de nuestra propia biografía que, aunque no sean iguales, se sienten iguales.
No sé si todas las personas tienen estos momentos en los que reflexionan sobre su vida, decisiones y sentimientos; pero esta película me hace sentir que no soy el único que vive con esas preguntas sin resolver en la cabeza, y creo que ahí reside parte de su encanto y su belleza.
Muestra la vida de una familia cotidiana e introduce cuestionamientos existenciales de manera sutil y elegante, evitando los clichés. Donde otros relatos recurrirían al deseo inmediato, aquí los personajes reflexionan sobre sus sentimientos y afrontan la situación de forma poco convencional, mostrando a dos personas que ni siquiera saben cómo se sienten. En otro momento, donde podrían haberse visto envueltos en un triángulo amoroso, en lugar de desarrollar ese conflicto de forma convencional, la película prefiere mostrar el miedo de uno a seguir adelante y la soledad de la otra. Y, por último, cuando parece que un personaje morirá en una alberca y que la película recurrirá a provocar emociones de manera fácil, esto simplemente no ocurre.
Donde podría haber drama fácil, hay contención; donde podría haber resolución, hay duda.
Si el arte imita a la vida, definitivamente Yi Yi es un ejemplo de ello, así como de su propia frase: *“vivimos tres veces más desde que se inventó el cine”.
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Pero quizás lo más difícil de expresar es que Yi Yi no se termina en la pantalla: solo adquiere sentido completo cuando se mezcla con la propia vida del espectador. No basta con entenderla; hay que sentirse en ella, reconocerse en sus silencios y, a partir de ahí, hacer lo que siempre ocurre al interpretar una obra: tomar la libertad de darle un sentido propio.
"Empieza adquiriendo signos de vida humana. Empieza a pensar… entonces madura como entidad viviente y se convierte en nuestro más fiel compañero. Ese es el ilimitado futuro de los videojuegos. Nosotros no hemos sobrepasado los juegos de lucha y matanzas, no porque no hayamos aprendido a usar ordenadores, sino porque no hemos aprendido a comprender nuestra propia condición humana"