Dexter
Una adaptación del cuento clásico que se despega de las tendencias esperables, románticas e idílicas de un amor entre un ser incomprendido pero de buen corazón y una muchacha pura y bondadosa. Sin separarse del todo de esta premisa, Bella y la Bestia (1978) narra la historia desde una perspectiva distinta, más cercana al cine de terror que al cuento de hadas. Los primeros planos, las vistas en POV e incluso las muertes están presentes.
Por un lado, la ambientación abandona los paisajes idílicos y fantásticos del legendario castillo de la Bestia. En su lugar aparecen ruinas lúgubres, inundadas, con goteras, desoladas y podridas. Todo ello construye una atmósfera decadente que envuelve la película y marca su tono opresivo.
Por otro lado, el diseño de la Bestia acompaña esta transformación. Lejos del monstruo señorial e imponente de otras versiones, aquí es una figura atormentada, patética y oscura, que se mueve entre sombras y se avergüenza de su aspecto y de su naturaleza violenta. Su diseño (una especie de ave rapaz antropomorfa) es quizá el elemento más original de la cinta y el que sostiene el peso protagónico. En su desesperación por conservar la poca humanidad que le queda, ve en Bella una oportunidad de conexión, aunque la película nunca busca que empatices con él. En ese sentido, recuerda a la criatura trágica de Nosferatu según Herzog.
La atmósfera opresiva, terrorífica e inquietante se mantiene durante toda la cinta gracias a iluminaciones fuertes, claroscuros inteligentes y una paleta de colores sombríos, apagados, crepusculares y góticos, contrastados con las luces naturales de fogatas y chimeneas.
La historia no es muy profunda, y el relato original tampoco pretende serlo. Aun así, podría haberse explorado más la relación de Julie con el monstruo (que aquí se siente algo forzada y antinatural) o la psique de la Bestia: sus inseguridades, complejos y desesperanza, tratadas solo de forma superficial.
Aunque el final es apresurado, el guion irregular y ciertos aspectos se sienten incompletos, estas carencias no eclipsan sus virtudes. El ritmo es frenético, la Bestia domina la película, la ambientación es excelente y la personalidad con la que adaptan el relato es prácticamente única. Difícilmente veremos otra versión de Bella y la Bestia con estas cualidades.
Sin ser la mejor (para mí sigue siendo la de 1946), La Bella y la Bestia de 1978 ofrece una reinterpretación singular, con tintes y perspectivas que no he visto en otras adaptaciones. Una muy buena película que, por desgracia, se quedó a medio camino de ser perfecta.