Fitzcarraldo
“It’s only the dreamers who move mountains.”
Tengo la sensación de que Fitzcarraldo es la producción más ambiciosa de Herzog. Siendo una especie de “hermana mayor” de Aguirre, la cólera de Dios, nos sumerge de lleno en una epopeya tan bizarra como maravillosa, a la par que peligrosa. Una especie de Odisea homérica a través de la selva del Amazonas, con el extravagante objetivo de construir una ópera en medio de la jungla.
Fitzcarraldo tiene muchísimas virtudes: el cine de Herzog llevado a su punto más alto. Cuenta con personajes únicos, escenarios reconocibles, una atmósfera melancólica pero opresiva e insegura, e incluso una sensación de magia y euforia como pocas películas pueden transmitir.
En aspectos técnicos, la cinta está llena de planos y secuencias muy bien estudiados, destacando sobre todo los primeros planos, el uso de la luz y la sombra, el tenebrismo y los montajes por el río. El uso de la banda sonora (compuesta por Popol Vuh) es sensacional y contribuye enormemente a la atmósfera de la obra.
Además, la película juega muy bien sus cartas, ofreciendo dos ritmos completamente diferentes a lo largo de su duración. Me explico: la primera mitad recuerda mucho a Aguirre o Apocalypse Now, con una gran carga psicológica y el miedo hacia lo desconocido. Mientras que la segunda mitad es toda una epopeya, con tintes más aventureros que de terror psicológico. El resultado es una mezcla muy original que deja al espectador sin palabras, sumergiéndose de lleno en la trama.
Las interpretaciones son maravillosas, sobre todo las de Klaus Kinski (quien, como siempre, se roba prácticamente todas las escenas en las que aparece), con una actuación tan excéntrica como única. También destaca Claudia Cardinale, que si bien aparece algo menos, cumple su papel a la perfección. El reparto de secundarios es genial, con personajes pintorescos, cada uno muy bien definido y con los que es difícil no encariñarse.
Con todo, Fitzcarraldo se puede interpretar como la locura de un soñador. Solo los soñadores son los que mueven montañas… y se puede decir que tanto la ficción de la obra como su rodaje comparten esa misma filosofía. Herzog utilizó prácticamente en su totalidad efectos prácticos, lo que implicó tener que subir un barco real por una montaña. El rodaje de esta cinta es uno de los más legendarios de la historia del cine.
Fitzcarraldo nos enseña a responder a nuestros sueños como si fueran impulsos. A veces creemos que no seremos nada hasta que alcancemos un objetivo concreto, y no nos damos cuenta de que el mero hecho de intentarlo con todas nuestras fuerzas ya nos hace trascender. Fitzcarraldo: el sueño imposible que representa a cada ser humano en su punto más íntimo, y es que, ¿no somos todos soñadores al fin y al cabo?