Protopartículas ya me parece sensacional.
Aquí Chema García Ibarra lleva todavía más lejos ese encanto tan suyo: una mezcla de ternura, fantasía y ciencia ficción cotidiana que funciona de una manera preciosa. Me gusta mucho cómo consigue que lo extraño no parezca una ruptura del mundo, sino algo que siempre ha estado ahí, esperando a que alguien lo mire con un poco más de atención.
Además, tiene planos tremendamente bonitos. Se nota que va afinando una forma, que sigue trabajando con temas muy parecidos, sí, pero cada corto parece encontrar una manera nueva de hacerlos más íntimos, más raros y más encantadores.
Es como si Chema fuera acumulando sensibilidad pieza a pieza hasta llegar a cosas como Misterio, pero eso ya tocará hablarlo cuando toque. Aquí ya hay muchísimo de lo que me gusta de su cine.