Para empezar, la serie no tiene mucho de qué hablar, es tan solo el desarrollo personal de Esty, la protagonista. Pero, es la forma en la que te hacen ver la situación lo que la hace tan buena.
La vida de Esty es como vivir en una prisión. Tienes que cumplir con todo lo que pone en la torá o no te aceptan. Eso es así en casi todas las religiones, no en todas es tan duro como en esta, pero sientes la presión de que te pase algo malo en la vida o de que no sabes porque existimos y le das todo el poder de tu vida a un ser desconocido (que yo no creo que exista). Tan solo de pensar en que una mujer debe dar toda su vida a tener hijos porque quieren compensar el holocausto, me da rabia, no solo por las mujeres, sino que también porque no se han parado a pensar lo estúpido que es.
Se muestra muy bien como Esty, la única mujer que piensa por si sola, sale adelante como puede y deja atrás todas esas reglas que le impedían tener una vida libre, una vida en la que pueda expresarse y servir para algo más que ser una máquina de hacer bebés. Y, cuando llega a Berlín y conoce gente con los que tiene la oportunidad de trabajar y formar una nueva vida.
Por último, me gustaría darle reconocimiento al último capítulo, donde todo es el doble de desgarrador que en los otros. La madre contándole la verdad de todo, el primo de Yannky (el marido de Esty) siendo un vividor sin propósitos y que solo piensa en su verdad, y la más desgarradora de todas, la conversación final que tienen Esty y Yanky, donde todo lo que el marido quiere es a su mujer, pero ya es demasiado tarde para cambiar las cosas y separan sus vidas para siempre, con una escena que despierta el llanto a cualquiera que la vea.