Boogie Nights
Llama la atención que Boogie Nights sea el resultado que un joven Paul Thomas Anderson de 26 años, pudo obtener, siendo fácilmente una de las mejores películas dentro de su filmografía e incluso para muchos (incluyéndome), una de las mejores de por lo menos la década de los 90s. Pero al analizarla, desde como está hecha, y de donde nace, parece completamente lógico, pues está no es solo la versión larga del corto The Dirk Diggler story, el cual dirige Anderson a sus 18 años, que obviamente es una versión condensada, tanto en lo narrativo, como en el estilo de Boogie Nights, y es que, el largometraje no sería ni de cerca lo que es, sin lo que fue el cine de Martin Scorsese, especialmente en los 90s. Resulta imposible no notar las influencias, pues en el ejercicio de encontrar su propia voz, Anderson, alude e imita lo que hace Scorsese en Goodfellas (1990) y Casino (1995), no solo en su estructura narrativa y de personajes que llegan a lo más alto, sino también en cómo lo graba, cómo lo edita, cómo lo musicaliza, y no busca ocultarlo, pues el propio final homenajea a la increíble Raging Bull (1980). Finalmente, Anderson encuentra en esas películas la manera de contar aquel corto, que tiraba más hacia al mockumentary, que a un estudio de personaje que Scorsese terminaría por patentar en la misma época, y el cual seguiría usando por el resto de su carrera; mientras que Anderson, terminaría por despegarse de aquel estilo en los 2000s, pues es innegable que sus primeros tres largometrajes, nos recuerdan a Scorsese en más de una ocasión, lo cual no le resta ningún mérito; al contrario, remarca su entendimiento del cine, y de las películas a las que imita, siendo capaz de traducirlo a sus historias.