La posada del dragón destila el wuxia hasta dejarlo en su esqueleto más elegante y abstracto. King Hu, lejos de Hong Kong y afincado en Taiwán, convierte una trama mínima en duelo de posiciones morales, miradas y distancias. De hecho, el paisaje y el ritmo tienen algo de spaghetti western: cada entrada al hostal, cada cruce de espadas, cada gesto se toma su tiempo antes del estallido de violencia.
La posada del dragón destila el wuxia hasta dejarlo en su esqueleto más elegante y abstracto. King Hu, lejos de Hong Kong y afincado en Taiwán, convierte una trama mínima en duelo de posiciones morales, miradas y distancias. De hecho, el paisaje y el ritmo tienen algo de spaghetti western: cada entrada al hostal, cada cruce de espadas, cada gesto se toma su tiempo antes del estallido de violencia.