
The Garden of Delights
1970·Drama·1h 35m
7.1
★

The greedy relatives of a paralysed 45-year-old amnesiac millionaire go to extreme lengths to help him recover his memory.
Directed by Carlos Saura

Trailer

IMDB
N/A
Cast

José Luis López Vázquez
Antonio

Luchy Soto
Luchy

Lina Canalejas
Tia

Alberto Alonso
Toni

Charo Soriano
Actriz

Esperanza Roy
Nicole

Mayrata O'Wisiedo
Enfermera

Francisco Pierrá
Don Pedro

Luis Peña
Ejecutivo

José Nieto
Ejecutivo

Eduardo Calvo
Amigo 4

Antonio Canal
Ejecutivo
Crew

Carlos Saura
Director

Carlos Saura
Writer

Rafael Azcona
Writer

Pablo G. del Amo
Editor

Luis Cuadrado
Director of Photography

Elías Querejeta
Producer
Popular Reviews
5 reviews
ManuPRO
9.0★ · 04/07/25

Carlos Saura construye en El jardín de las delicias una tremenda representación que mezcla lo teatral, lo absurdo, lo grotesco y lo onírico; donde se aprecia una sátira feroz y profunda sobre la represión, la hipocresía social y la manipulación de la memoria. Una obra caracterizada por su contenido críptico, alegórico y contundente.
Existe un fuerte carga simbólica: comidas opulentas, representaciones de guerras, desfiles militares, fiestas vacías, escenas sexuales convertidas en espectáculos. Las escenas militares y religiosas funcionan como crítica directa al franquismo, pero no lo hacen de forma panfletaria, sino a través del teatro del absurdo. La ideología, el poder, el deber patriótico o la moral religiosa aparecen completamente desprovistos de contenido real, como ritos vacíos que se repiten por inercia.
Saura retrata una España oficial que finge recordar, pero en realidad fabrica un relato falso para no enfrentarse a su pasado.En las escenas eróticas, además, el cuerpo masculino es mostrado de forma pasiva, invirtiendo los roles tradicionales del galán activo. De nuevo, Saura dinamita las convenciones.
La conexión con El jardín de las delicias de El Bosco, más allá del título, es evidente en la puesta en escena: el panel central del tríptico se traslada al universo de la película en forma de placeres artificiales, cuerpos vacíos, imágenes surrealistas y una sensación constante de estar en un mundo sin alma. Como en el cuadro, hay un antes (el paraíso de los recuerdos idealizados), un presente de hedonismo alienado, y un final que se desliza lentamente hacia el infierno del olvido y la alienación total.
La estética es rigurosamente teatral: planos estáticos con ligeros pero acertados movimientos de cámara, escenografías artificiales que funcionan a la perfección, elementos simbólicos que entran y salen sin explicación realista. La lógica de los sueños sustituye la lógica narrativa. Antonio está atrapado, no sólo por su cuerpo, sino por un sistema que le impide ser. Como España misma, está paralizado en un teatro sin salida.
Con esta película, Saura no sólo crea una crítica al régimen franquista, sino también una reflexión amarga sobre el alma vacía de las élites, la falsedad de las apariencias, y la imposibilidad de reconstruir una identidad auténtica en medio del autoengaño colectivo.
PD: José Luis López Vázquez deja un trabajo inmenso por cierto, vaya actor.
Existe un fuerte carga simbólica: comidas opulentas, representaciones de guerras, desfiles militares, fiestas vacías, escenas sexuales convertidas en espectáculos. Las escenas militares y religiosas funcionan como crítica directa al franquismo, pero no lo hacen de forma panfletaria, sino a través del teatro del absurdo. La ideología, el poder, el deber patriótico o la moral religiosa aparecen completamente desprovistos de contenido real, como ritos vacíos que se repiten por inercia.
Saura retrata una España oficial que finge recordar, pero en realidad fabrica un relato falso para no enfrentarse a su pasado.En las escenas eróticas, además, el cuerpo masculino es mostrado de forma pasiva, invirtiendo los roles tradicionales del galán activo. De nuevo, Saura dinamita las convenciones.
La conexión con El jardín de las delicias de El Bosco, más allá del título, es evidente en la puesta en escena: el panel central del tríptico se traslada al universo de la película en forma de placeres artificiales, cuerpos vacíos, imágenes surrealistas y una sensación constante de estar en un mundo sin alma. Como en el cuadro, hay un antes (el paraíso de los recuerdos idealizados), un presente de hedonismo alienado, y un final que se desliza lentamente hacia el infierno del olvido y la alienación total.
La estética es rigurosamente teatral: planos estáticos con ligeros pero acertados movimientos de cámara, escenografías artificiales que funcionan a la perfección, elementos simbólicos que entran y salen sin explicación realista. La lógica de los sueños sustituye la lógica narrativa. Antonio está atrapado, no sólo por su cuerpo, sino por un sistema que le impide ser. Como España misma, está paralizado en un teatro sin salida.
Con esta película, Saura no sólo crea una crítica al régimen franquista, sino también una reflexión amarga sobre el alma vacía de las élites, la falsedad de las apariencias, y la imposibilidad de reconstruir una identidad auténtica en medio del autoengaño colectivo.
PD: José Luis López Vázquez deja un trabajo inmenso por cierto, vaya actor.
Carlos Saura construye en El jardín de las delicias una tremenda representación que mezcla lo teatral, lo absurdo, lo grotesco y lo onírico; donde se aprecia una sátira feroz y profunda sobre la represión, la hipocresía social y la manipulación de la memoria. Una obra caracterizada por su contenido críptico, alegórico y contundente.
Existe un fuerte carga simbólica: comidas opulentas, representaciones de guerras, desfiles militares, fiestas vacías, escenas sexuales convertidas en espectáculos. Las escenas militares y religiosas funcionan como crítica directa al franquismo, pero no lo hacen de forma panfletaria, sino a través del teatro del absurdo. La ideología, el poder, el deber patriótico o la moral religiosa aparecen completamente desprovistos de contenido real, como ritos vacíos que se repiten por inercia.
Saura retrata una España oficial que finge recordar, pero en realidad fabrica un relato falso para no enfrentarse a su pasado.En las escenas eróticas, además, el cuerpo masculino es mostrado de forma pasiva, invirtiendo los roles tradicionales del galán activo. De nuevo, Saura dinamita las convenciones.
La conexión con El jardín de las delicias de El Bosco, más allá del título, es evidente en la puesta en escena: el panel central del tríptico se traslada al universo de la película en forma de placeres artificiales, cuerpos vacíos, imágenes surrealistas y una sensación constante de estar en un mundo sin alma. Como en el cuadro, hay un antes (el paraíso de los recuerdos idealizados), un presente de hedonismo alienado, y un final que se desliza lentamente hacia el infierno del olvido y la alienación total.
La estética es rigurosamente teatral: planos estáticos con ligeros pero acertados movimientos de cámara, escenografías artificiales que funcionan a la perfección, elementos simbólicos que entran y salen sin explicación realista. La lógica de los sueños sustituye la lógica narrativa. Antonio está atrapado, no sólo por su cuerpo, sino por un sistema que le impide ser. Como España misma, está paralizado en un teatro sin salida.
Con esta película, Saura no sólo crea una crítica al régimen franquista, sino también una reflexión amarga sobre el alma vacía de las élites, la falsedad de las apariencias, y la imposibilidad de reconstruir una identidad auténtica en medio del autoengaño colectivo.
PD: José Luis López Vázquez deja un trabajo inmenso por cierto, vaya actor.
Existe un fuerte carga simbólica: comidas opulentas, representaciones de guerras, desfiles militares, fiestas vacías, escenas sexuales convertidas en espectáculos. Las escenas militares y religiosas funcionan como crítica directa al franquismo, pero no lo hacen de forma panfletaria, sino a través del teatro del absurdo. La ideología, el poder, el deber patriótico o la moral religiosa aparecen completamente desprovistos de contenido real, como ritos vacíos que se repiten por inercia.
Saura retrata una España oficial que finge recordar, pero en realidad fabrica un relato falso para no enfrentarse a su pasado.En las escenas eróticas, además, el cuerpo masculino es mostrado de forma pasiva, invirtiendo los roles tradicionales del galán activo. De nuevo, Saura dinamita las convenciones.
La conexión con El jardín de las delicias de El Bosco, más allá del título, es evidente en la puesta en escena: el panel central del tríptico se traslada al universo de la película en forma de placeres artificiales, cuerpos vacíos, imágenes surrealistas y una sensación constante de estar en un mundo sin alma. Como en el cuadro, hay un antes (el paraíso de los recuerdos idealizados), un presente de hedonismo alienado, y un final que se desliza lentamente hacia el infierno del olvido y la alienación total.
La estética es rigurosamente teatral: planos estáticos con ligeros pero acertados movimientos de cámara, escenografías artificiales que funcionan a la perfección, elementos simbólicos que entran y salen sin explicación realista. La lógica de los sueños sustituye la lógica narrativa. Antonio está atrapado, no sólo por su cuerpo, sino por un sistema que le impide ser. Como España misma, está paralizado en un teatro sin salida.
Con esta película, Saura no sólo crea una crítica al régimen franquista, sino también una reflexión amarga sobre el alma vacía de las élites, la falsedad de las apariencias, y la imposibilidad de reconstruir una identidad auténtica en medio del autoengaño colectivo.
PD: José Luis López Vázquez deja un trabajo inmenso por cierto, vaya actor.
Mercè
8.0★ · 08/26/25

MCHOCOBOM
4.0★ · 10/02/23

Paco Casado
8.0★ · 07/12/23

Sr.devuelta
8.0★ · 07/12/23
