Macbeth backdrop

Macbeth

1982·Drama·1h 2m
7.0
Consistent of only two long shots, three witches predict that Macbeth will ascend to the throne of Scotland. To fulfill this prophecy, Lady Macbeth convinces her husband to murder King Duncan, who has come to spend the night at their home. This crime plunges the new ruler into a macabre spiral that will lead him to sink into guilt and madness.
Directed by Béla Tarr
based on play or musical

Cast

György Cserhalmi
György Cserhalmi
Macbeth
Erzsébet Kútvölgyi
Erzsébet Kútvölgyi
Lady Macbeth
Ferenc Bencze
Ferenc Bencze
Imre Csuja
Imre Csuja
János Derzsi
János Derzsi
István Dégi
István Dégi
Tamás Jordán
Tamás Jordán
Attila Kaszás
Attila Kaszás
Gyula Maár
Gyula Maár
Djoko Rosic
Djoko Rosic
Géza Rácz
Géza Rácz
Székely B. Miklós
Székely B. Miklós

Crew

Béla Tarr
Béla Tarr
Director
Béla Tarr
Béla Tarr
Screenplay
William Shakespeare
William Shakespeare
Theatre Play

Popular Reviews

11 reviews
Santiago Garza
Santiago Garza
Macbeth
One of Béla Tarr’s early works (and it definitely shows). It’s a rather mediocre piece, but considering it’s a television production (and a student project), there isn’t much to criticize. The camerawork is solid and begins to define Tarr’s signature style with long takes and a slow pace. The performances are good, though not remarkable. It’s a film that doesn’t have much to offer beyond being shot in two extended takes, something not every amateur director could pull off. Still, it stands as a decent adaptation of Macbeth.

56/100
One of Béla Tarr’s early works (and it definitely shows). It’s a rather mediocre piece, but considering it’s a television production (and a student project), there isn’t much to criticize. The camerawork is solid and begins to define Tarr’s signature style with long takes and a slow pace. The performances are good, though not remarkable. It’s a film that doesn’t have much to offer beyond being shot in two extended takes, something not every amateur director could pull off. Still, it stands as a decent adaptation of Macbeth.

56/100
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Leib
Leib
Macbeth
La versión de Macbeth dirigida por Béla Tarr es una obra muy particular dentro de las adaptaciones de Shakespeare, una película que apuesta todo a la forma, a la atmósfera y al tiempo cinematográfico más que a la narrativa tradicional. Es un film con una identidad estética muy clara, con momentos visuales realmente fuertes, aunque en conjunto se percibe más como una experiencia formal interesante que como una tragedia emocional completamente absorbente.
Uno de los aspectos más destacables es la atmósfera. Tarr construye un mundo oscuro, denso, casi sofocante, donde el espacio y la duración pesan tanto como los diálogos. La película se siente pesada en el buen sentido: el tiempo parece estirarse, los personajes parecen atrapados dentro de un destino que ya está decidido. Esa sensación fatalista encaja muy bien con la esencia trágica de la historia, incluso cuando el ritmo extremadamente lento puede generar cierta distancia emocional.
La cinematografía tiene momentos visualmente muy potentes. El blanco y negro es agresivo en su contraste, con sombras profundas y luces duras que crean una sensación constante de amenaza. Los espacios parecen vacíos pero cargados de tensión moral. Hay imágenes que realmente transmiten decadencia, corrupción y destino inevitable sin necesidad de subrayado narrativo.
El elemento más impresionante y distintivo de la película es su estructura técnica: está filmada prácticamente en solo dos planos larguísimos. Esta decisión no es solo un experimento formal; cambia completamente la manera en que se vive la película. Al no haber cortes, el espectador queda atrapado dentro del tiempo real de la escena. No hay alivio del montaje, no hay reorganización emocional entre plano y plano. Todo sucede de forma continua, lo que genera una sensación de presencia muy fuerte y también una incomodidad muy deliberada.
Además, sostener solo dos planos implica un nivel enorme de control técnico y artístico. La coreografía de actores, los movimientos de cámara, la iluminación y el ritmo interno del encuadre tienen que funcionar perfectamente porque no hay posibilidad de corregir con edición. La tensión se construye desde dentro del plano: desde cómo se mueven los cuerpos, cómo se llena el espacio, cómo entra y sale la luz. Esto le da a la película una cualidad casi ritual, como si la tragedia se estuviera desarrollando inevitablemente frente a los ojos del espectador.
Narrativamente, la adaptación mantiene el espíritu solemne y oscuro del texto original, aunque el tono es tan constante que a veces limita la variedad emocional. La tragedia está presente, pero muchas veces se percibe más desde lo atmosférico que desde lo visceral. Los personajes funcionan más como presencias dentro de un destino trágico que como figuras psicológicas complejas.
Las actuaciones acompañan ese registro contenido. Todo está calibrado para sostener la densidad general del film, sin explosiones dramáticas ni cambios bruscos de intensidad. Esto refuerza la coherencia estética, aunque también puede hacer que la conexión emocional sea más distante.
En conjunto, es una película con mucha personalidad, con una ambición formal muy clara y con decisiones cinematográficas genuinamente audaces. Tiene imágenes muy potentes, una atmósfera muy trabajada y un experimento formal que la vuelve muy interesante de analizar y de experimentar. Aunque no siempre logra sostener el mismo nivel de impacto emocional durante toda su duración, se mantiene como una obra muy respetable, con momentos visuales y conceptuales que realmente quedan en la cabeza.
La versión de Macbeth dirigida por Béla Tarr es una obra muy particular dentro de las adaptaciones de Shakespeare, una película que apuesta todo a la forma, a la atmósfera y al tiempo cinematográfico más que a la narrativa tradicional. Es un film con una identidad estética muy clara, con momentos visuales realmente fuertes, aunque en conjunto se percibe más como una experiencia formal interesante que como una tragedia emocional completamente absorbente.
Uno de los aspectos más destacables es la atmósfera. Tarr construye un mundo oscuro, denso, casi sofocante, donde el espacio y la duración pesan tanto como los diálogos. La película se siente pesada en el buen sentido: el tiempo parece estirarse, los personajes parecen atrapados dentro de un destino que ya está decidido. Esa sensación fatalista encaja muy bien con la esencia trágica de la historia, incluso cuando el ritmo extremadamente lento puede generar cierta distancia emocional.
La cinematografía tiene momentos visualmente muy potentes. El blanco y negro es agresivo en su contraste, con sombras profundas y luces duras que crean una sensación constante de amenaza. Los espacios parecen vacíos pero cargados de tensión moral. Hay imágenes que realmente transmiten decadencia, corrupción y destino inevitable sin necesidad de subrayado narrativo.
El elemento más impresionante y distintivo de la película es su estructura técnica: está filmada prácticamente en solo dos planos larguísimos. Esta decisión no es solo un experimento formal; cambia completamente la manera en que se vive la película. Al no haber cortes, el espectador queda atrapado dentro del tiempo real de la escena. No hay alivio del montaje, no hay reorganización emocional entre plano y plano. Todo sucede de forma continua, lo que genera una sensación de presencia muy fuerte y también una incomodidad muy deliberada.
Además, sostener solo dos planos implica un nivel enorme de control técnico y artístico. La coreografía de actores, los movimientos de cámara, la iluminación y el ritmo interno del encuadre tienen que funcionar perfectamente porque no hay posibilidad de corregir con edición. La tensión se construye desde dentro del plano: desde cómo se mueven los cuerpos, cómo se llena el espacio, cómo entra y sale la luz. Esto le da a la película una cualidad casi ritual, como si la tragedia se estuviera desarrollando inevitablemente frente a los ojos del espectador.
Narrativamente, la adaptación mantiene el espíritu solemne y oscuro del texto original, aunque el tono es tan constante que a veces limita la variedad emocional. La tragedia está presente, pero muchas veces se percibe más desde lo atmosférico que desde lo visceral. Los personajes funcionan más como presencias dentro de un destino trágico que como figuras psicológicas complejas.
Las actuaciones acompañan ese registro contenido. Todo está calibrado para sostener la densidad general del film, sin explosiones dramáticas ni cambios bruscos de intensidad. Esto refuerza la coherencia estética, aunque también puede hacer que la conexión emocional sea más distante.
En conjunto, es una película con mucha personalidad, con una ambición formal muy clara y con decisiones cinematográficas genuinamente audaces. Tiene imágenes muy potentes, una atmósfera muy trabajada y un experimento formal que la vuelve muy interesante de analizar y de experimentar. Aunque no siempre logra sostener el mismo nivel de impacto emocional durante toda su duración, se mantiene como una obra muy respetable, con momentos visuales y conceptuales que realmente quedan en la cabeza.
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Seb Rex
Seb Rex
Macbeth
Didn’t understand it, but it was cool nonetheless.
Didn’t understand it, but it was cool nonetheless.
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Eclectic Sorcerer
Eclectic Sorcerer
Macbeth
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Eclectic Sorcerer
Eclectic Sorcerer
Macbeth
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