Ángeles cabreados, profecías bíblicas, guerra celestial... y en medio de todo, Christopher Walken, que no interpreta a Gabriel: lo invoca.
Porque sí, la trama no está mal, la Biblia se vuelve un thriller, y tal. Pero lo que de verdad te atrapa es ver a Walken entrar en escena. Cada frase suya suena como si Dios le hubiese dado permiso para amenazar. Lleva ese peinado de “me acabo de caer del cielo sin paracaídas” y una mirada como si pudiera leerte el alma.
No es una gran película. Es más bien un “¿esto qué es y por qué no puedo dejar de verlo?”. Pero tiene a Christopher Walken repartiendo hostias (y no de las consagradas), soltando amenazas a ritmo de salmo, y dejando claro que el apocalipsis, si llega, vendrá con su cara.
Amén.
Ángeles cabreados, profecías bíblicas, guerra celestial... y en medio de todo, Christopher Walken, que no interpreta a Gabriel: lo invoca.
Porque sí, la trama no está mal, la Biblia se vuelve un thriller, y tal. Pero lo que de verdad te atrapa es ver a Walken entrar en escena. Cada frase suya suena como si Dios le hubiese dado permiso para amenazar. Lleva ese peinado de “me acabo de caer del cielo sin paracaídas” y una mirada como si pudiera leerte el alma.
No es una gran película. Es más bien un “¿esto qué es y por qué no puedo dejar de verlo?”. Pero tiene a Christopher Walken repartiendo hostias (y no de las consagradas), soltando amenazas a ritmo de salmo, y dejando claro que el apocalipsis, si llega, vendrá con su cara.
Amén.