Alatriste es la oportunidad de ver a un personaje al que muchos le tenemos cariño hecho carne. El capitán. El soldado cansado. El hombre que habla poco. Observa mucho. Y no cuenta con demasiadas victorias.
Viggo Mortensen lo encarna con la gravedad justa. No es un héroe de cartón, es un hombre herido, seco, pero leal hasta el final. Y aunque la película tropieza al querer condensar cinco novelas en dos horas largas, hay momentos que justifican todo: el barro de Flandes, la sombra de Quevedo, el vals del acero chocando en los callejones de Madrid.
Sí, no es perfecta. Pero cuando Alatriste camina hacia la muerte sin pestañear, uno siente que ahí está España. La que pelea hasta la muerte. Porque este es un tercio español y un tercio español no se rinde.
Alatriste es la oportunidad de ver a un personaje al que muchos le tenemos cariño hecho carne. El capitán. El soldado cansado. El hombre que habla poco. Observa mucho. Y no cuenta con demasiadas victorias.
Viggo Mortensen lo encarna con la gravedad justa. No es un héroe de cartón, es un hombre herido, seco, pero leal hasta el final. Y aunque la película tropieza al querer condensar cinco novelas en dos horas largas, hay momentos que justifican todo: el barro de Flandes, la sombra de Quevedo, el vals del acero chocando en los callejones de Madrid.
Sí, no es perfecta. Pero cuando Alatriste camina hacia la muerte sin pestañear, uno siente que ahí está España. La que pelea hasta la muerte. Porque este es un tercio español y un tercio español no se rinde.