

1966·History·1h 38m
7.2
★









As 1809 nears its end, Natasha attends her first ball, where Andrei falls in love with her with the intent of marriage. However, as her father demands they wait, the prince travels abroad, leaving Natasha in desperate longing. But she meets Anatol Kuragin and forgets Andrei. Part two of the four-part adaptation of Leo Tolstoy's 1869 novel.
Directed by Sergey Bondarchuk
based on novel or book
period drama
russian history
historical drama
19th century
russian literature

Trailer

IMDB
N/A
Where to Watch

Cast

Ludmila Savelyeva
Natasha Rostova

Sergey Bondarchuk
Pierre Bezukhov

Vyacheslav Tikhonov
Andrei Bolkonsky

Viktor Stanitsyn
Ilya Andreyevich Rostov

Kira Golovko
Countess Rostova

Oleg Tabakov
Nikolai Rostov

Sergei Yermilov
Petya Rostov

Irina Gubanova
Sonya

Anatoli Ktorov
Nikolai Andreyevich Bolkonsky

Antonina Shuranova
Princess Maria

Irina Skobtseva
Hélène

Vasili Lanovoy
Anatol
Crew

Sergey Bondarchuk
Director

Sergey Bondarchuk
Screenplay

Vasiliy Solovyov
Screenplay

Vyacheslav Ovchinnikov
Original Music Composer

Tatyana Likhachyova
Editor

Anatoly Petritsky
Director of Photography

Leo Tolstoy
Novel

Mikhail Bogdanov
Production Design

Gennady Myasnikov
Production Design

Anatoli Chemodurov
First Assistant Director

Adiba Shir-Akhmedova
First Assistant Director

Tatyana Likhachyova
First Assistant Director
Popular Reviews
82 reviews
ryxn

Step down from the first but still beautiful moments throughout.
Step down from the first but still beautiful moments throughout.
EliasooPRO
8.0★ · 05/06/26

Mouais pas aussi fan que la première partie, elle en reste pas moins intéressante et super bien filmé. Je trouve que ça s’éloigne un peu trop de l’aspect guerre (même si en soit c’est pour montrer que la vie mondaine continue et surtout les esprits qui cherchent quelque chose pour sortir des horreurs de la guerre).
Enfin bref hâte de voir les 2 autres !
Enfin bref hâte de voir les 2 autres !
Mouais pas aussi fan que la première partie, elle en reste pas moins intéressante et super bien filmé. Je trouve que ça s’éloigne un peu trop de l’aspect guerre (même si en soit c’est pour montrer que la vie mondaine continue et surtout les esprits qui cherchent quelque chose pour sortir des horreurs de la guerre).
Enfin bref hâte de voir les 2 autres !
Enfin bref hâte de voir les 2 autres !
Dirot
8.0★ · 04/14/26

The ultimate coming of age film, we see Natasha trying to learn what love actually is and some even taking advantage of her innocence.
I initially felt incredibly annoyed of Natasha’s whole “falling in love with any man who even glances at her” spiel, I felt that it was going on for way too long and it was going nowhere. Then the ending came and it really hit hard, Natasha getting slapped with reality, the consequences of her naivety affecting not just her but also people around her, and the music building up immeasurable amount of tension of whats unfolding is just the cherry on top of an already perfect sundae.
The ending really made this film for me, the entire film building up to it slowly and we see Natasha’s character slowly growing is incredible.
I initially felt incredibly annoyed of Natasha’s whole “falling in love with any man who even glances at her” spiel, I felt that it was going on for way too long and it was going nowhere. Then the ending came and it really hit hard, Natasha getting slapped with reality, the consequences of her naivety affecting not just her but also people around her, and the music building up immeasurable amount of tension of whats unfolding is just the cherry on top of an already perfect sundae.
The ending really made this film for me, the entire film building up to it slowly and we see Natasha’s character slowly growing is incredible.
The ultimate coming of age film, we see Natasha trying to learn what love actually is and some even taking advantage of her innocence.
I initially felt incredibly annoyed of Natasha’s whole “falling in love with any man who even glances at her” spiel, I felt that it was going on for way too long and it was going nowhere. Then the ending came and it really hit hard, Natasha getting slapped with reality, the consequences of her naivety affecting not just her but also people around her, and the music building up immeasurable amount of tension of whats unfolding is just the cherry on top of an already perfect sundae.
The ending really made this film for me, the entire film building up to it slowly and we see Natasha’s character slowly growing is incredible.
I initially felt incredibly annoyed of Natasha’s whole “falling in love with any man who even glances at her” spiel, I felt that it was going on for way too long and it was going nowhere. Then the ending came and it really hit hard, Natasha getting slapped with reality, the consequences of her naivety affecting not just her but also people around her, and the music building up immeasurable amount of tension of whats unfolding is just the cherry on top of an already perfect sundae.
The ending really made this film for me, the entire film building up to it slowly and we see Natasha’s character slowly growing is incredible.
Leib
10.0★ · 04/04/26

Con la primera parte ya quedaba claro que War and Peace, Part I: Andrei Bolkonsky no era una película común. Pero lo que hace War and Peace, Part II: Natasha Rostova es distinto. Si la anterior impresionaba por su escala y su fuerza visual, esta se siente más contenida, más íntima… pero igual de monumental en otro sentido. Y ahí está lo interesante: no repite, expande.
Sergei Bondarchuk cambia el foco sin perder el control. La guerra queda un poco más al margen y la película se concentra en lo emocional, en los vínculos, en el paso del tiempo dentro de los personajes. Pero lejos de ser una parte “menor”, es donde todo empieza a adquirir un peso mucho más humano.
Y eso se nota en cómo está filmada.
La cinematografía sigue siendo impresionante, pero de otra manera. Ya no depende tanto de lo espectacular —aunque lo sigue teniendo— sino de lo delicado. Los interiores, los bailes, las miradas, los pequeños gestos… todo está capturado con una precisión increíble.
Hay una secuencia en particular, la del baile, que resume perfectamente lo que hace esta parte. La cámara se mueve con una fluidez casi imposible, girando, acercándose, alejándose, como si estuviera respirando con los personajes. No es solo técnica: es pura emoción traducida en imagen.
El uso del color también se vuelve más expresivo. Hay una calidez en muchas escenas que contrasta con la frialdad de la guerra que vendrá o que está latente. Todo parece más vivo, más cercano, pero al mismo tiempo hay una sensación constante de que algo se está desmoronando lentamente.
La escala de la producción sigue siendo enorme, eso no cambia. Los decorados, el vestuario, la cantidad de gente en pantalla… todo sigue siendo impresionante. Pero lo notable es cómo esa grandeza se pone al servicio de lo íntimo.
No abruma.
Acompaña.
Y eso es muy difícil de lograr.
La película se toma su tiempo, deja que los momentos existan sin apuro. Hay una confianza total en el ritmo, en la duración, en el silencio. No necesita apurar nada para ser impactante.
Y cuando llega a ciertos momentos emocionales, el impacto es mucho mayor precisamente por esa paciencia.
Lo que logra esta segunda parte es algo muy raro: mantiene la ambición cinematográfica de la primera, pero la canaliza hacia algo mucho más interno.
Más humano.
Más cercano.
Y eso la vuelve igual de poderosa, pero desde otro lugar.
No es solo una continuación.
Es una expansión del mundo, de los personajes, del lenguaje mismo de la película.
Y cuando una obra logra cambiar de escala sin perder su identidad, cuando puede pasar de lo épico a lo íntimo con esa naturalidad, queda claro que hay algo muy especial en juego.
War and Peace, Part II: Natasha Rostova no busca impresionar de la misma forma.
Busca quedarse.
Y lo logra.
Sergei Bondarchuk cambia el foco sin perder el control. La guerra queda un poco más al margen y la película se concentra en lo emocional, en los vínculos, en el paso del tiempo dentro de los personajes. Pero lejos de ser una parte “menor”, es donde todo empieza a adquirir un peso mucho más humano.
Y eso se nota en cómo está filmada.
La cinematografía sigue siendo impresionante, pero de otra manera. Ya no depende tanto de lo espectacular —aunque lo sigue teniendo— sino de lo delicado. Los interiores, los bailes, las miradas, los pequeños gestos… todo está capturado con una precisión increíble.
Hay una secuencia en particular, la del baile, que resume perfectamente lo que hace esta parte. La cámara se mueve con una fluidez casi imposible, girando, acercándose, alejándose, como si estuviera respirando con los personajes. No es solo técnica: es pura emoción traducida en imagen.
El uso del color también se vuelve más expresivo. Hay una calidez en muchas escenas que contrasta con la frialdad de la guerra que vendrá o que está latente. Todo parece más vivo, más cercano, pero al mismo tiempo hay una sensación constante de que algo se está desmoronando lentamente.
La escala de la producción sigue siendo enorme, eso no cambia. Los decorados, el vestuario, la cantidad de gente en pantalla… todo sigue siendo impresionante. Pero lo notable es cómo esa grandeza se pone al servicio de lo íntimo.
No abruma.
Acompaña.
Y eso es muy difícil de lograr.
La película se toma su tiempo, deja que los momentos existan sin apuro. Hay una confianza total en el ritmo, en la duración, en el silencio. No necesita apurar nada para ser impactante.
Y cuando llega a ciertos momentos emocionales, el impacto es mucho mayor precisamente por esa paciencia.
Lo que logra esta segunda parte es algo muy raro: mantiene la ambición cinematográfica de la primera, pero la canaliza hacia algo mucho más interno.
Más humano.
Más cercano.
Y eso la vuelve igual de poderosa, pero desde otro lugar.
No es solo una continuación.
Es una expansión del mundo, de los personajes, del lenguaje mismo de la película.
Y cuando una obra logra cambiar de escala sin perder su identidad, cuando puede pasar de lo épico a lo íntimo con esa naturalidad, queda claro que hay algo muy especial en juego.
War and Peace, Part II: Natasha Rostova no busca impresionar de la misma forma.
Busca quedarse.
Y lo logra.
Con la primera parte ya quedaba claro que War and Peace, Part I: Andrei Bolkonsky no era una película común. Pero lo que hace War and Peace, Part II: Natasha Rostova es distinto. Si la anterior impresionaba por su escala y su fuerza visual, esta se siente más contenida, más íntima… pero igual de monumental en otro sentido. Y ahí está lo interesante: no repite, expande.
Sergei Bondarchuk cambia el foco sin perder el control. La guerra queda un poco más al margen y la película se concentra en lo emocional, en los vínculos, en el paso del tiempo dentro de los personajes. Pero lejos de ser una parte “menor”, es donde todo empieza a adquirir un peso mucho más humano.
Y eso se nota en cómo está filmada.
La cinematografía sigue siendo impresionante, pero de otra manera. Ya no depende tanto de lo espectacular —aunque lo sigue teniendo— sino de lo delicado. Los interiores, los bailes, las miradas, los pequeños gestos… todo está capturado con una precisión increíble.
Hay una secuencia en particular, la del baile, que resume perfectamente lo que hace esta parte. La cámara se mueve con una fluidez casi imposible, girando, acercándose, alejándose, como si estuviera respirando con los personajes. No es solo técnica: es pura emoción traducida en imagen.
El uso del color también se vuelve más expresivo. Hay una calidez en muchas escenas que contrasta con la frialdad de la guerra que vendrá o que está latente. Todo parece más vivo, más cercano, pero al mismo tiempo hay una sensación constante de que algo se está desmoronando lentamente.
La escala de la producción sigue siendo enorme, eso no cambia. Los decorados, el vestuario, la cantidad de gente en pantalla… todo sigue siendo impresionante. Pero lo notable es cómo esa grandeza se pone al servicio de lo íntimo.
No abruma.
Acompaña.
Y eso es muy difícil de lograr.
La película se toma su tiempo, deja que los momentos existan sin apuro. Hay una confianza total en el ritmo, en la duración, en el silencio. No necesita apurar nada para ser impactante.
Y cuando llega a ciertos momentos emocionales, el impacto es mucho mayor precisamente por esa paciencia.
Lo que logra esta segunda parte es algo muy raro: mantiene la ambición cinematográfica de la primera, pero la canaliza hacia algo mucho más interno.
Más humano.
Más cercano.
Y eso la vuelve igual de poderosa, pero desde otro lugar.
No es solo una continuación.
Es una expansión del mundo, de los personajes, del lenguaje mismo de la película.
Y cuando una obra logra cambiar de escala sin perder su identidad, cuando puede pasar de lo épico a lo íntimo con esa naturalidad, queda claro que hay algo muy especial en juego.
War and Peace, Part II: Natasha Rostova no busca impresionar de la misma forma.
Busca quedarse.
Y lo logra.
Sergei Bondarchuk cambia el foco sin perder el control. La guerra queda un poco más al margen y la película se concentra en lo emocional, en los vínculos, en el paso del tiempo dentro de los personajes. Pero lejos de ser una parte “menor”, es donde todo empieza a adquirir un peso mucho más humano.
Y eso se nota en cómo está filmada.
La cinematografía sigue siendo impresionante, pero de otra manera. Ya no depende tanto de lo espectacular —aunque lo sigue teniendo— sino de lo delicado. Los interiores, los bailes, las miradas, los pequeños gestos… todo está capturado con una precisión increíble.
Hay una secuencia en particular, la del baile, que resume perfectamente lo que hace esta parte. La cámara se mueve con una fluidez casi imposible, girando, acercándose, alejándose, como si estuviera respirando con los personajes. No es solo técnica: es pura emoción traducida en imagen.
El uso del color también se vuelve más expresivo. Hay una calidez en muchas escenas que contrasta con la frialdad de la guerra que vendrá o que está latente. Todo parece más vivo, más cercano, pero al mismo tiempo hay una sensación constante de que algo se está desmoronando lentamente.
La escala de la producción sigue siendo enorme, eso no cambia. Los decorados, el vestuario, la cantidad de gente en pantalla… todo sigue siendo impresionante. Pero lo notable es cómo esa grandeza se pone al servicio de lo íntimo.
No abruma.
Acompaña.
Y eso es muy difícil de lograr.
La película se toma su tiempo, deja que los momentos existan sin apuro. Hay una confianza total en el ritmo, en la duración, en el silencio. No necesita apurar nada para ser impactante.
Y cuando llega a ciertos momentos emocionales, el impacto es mucho mayor precisamente por esa paciencia.
Lo que logra esta segunda parte es algo muy raro: mantiene la ambición cinematográfica de la primera, pero la canaliza hacia algo mucho más interno.
Más humano.
Más cercano.
Y eso la vuelve igual de poderosa, pero desde otro lugar.
No es solo una continuación.
Es una expansión del mundo, de los personajes, del lenguaje mismo de la película.
Y cuando una obra logra cambiar de escala sin perder su identidad, cuando puede pasar de lo épico a lo íntimo con esa naturalidad, queda claro que hay algo muy especial en juego.
War and Peace, Part II: Natasha Rostova no busca impresionar de la misma forma.
Busca quedarse.
Y lo logra.
sigma2289
9.0★ · 03/29/26

"О, подлая, бессердечная порода..."
Маша хороша, да Наташа жена
"О, подлая, бессердечная порода..."
Маша хороша, да Наташа жена