Butterflies Have No Memory backdrop

Butterflies Have No Memory

2009·Drama·42m
7.1
In the remote Philippines, the economic crisis has taken over and a group of men don't do much apart from drink. That is, until the return of a local girl who has been in Canada for years.
Directed by Lav Diaz
philippines
gold mine
return home

Cast

Joel Ferrer
Joel Ferrer
Santos
Kristine Kintana
Kristine Kintana
Carol
Dante Perez
Dante Perez
Mang Ferding

Crew

Lav Diaz
Lav Diaz
Director
Lav Diaz
Lav Diaz
Writer
Lav Diaz
Lav Diaz
Editor
Lav Diaz
Lav Diaz
Director of Photography
Lav Diaz
Lav Diaz
Producer
Dante Perez
Dante Perez
Production Design

Popular Reviews

8 reviews
Leib
Leib
Butterflies Have No Memory
Butterflies Have No Memory, de Lav Diaz, es una de esas películas donde todo parece moverse en un estado suspendido, como si el tiempo no avanzara sino que se acumulara. No hay una urgencia narrativa ni una estructura que guíe de forma clara; lo que hay es una insistencia en observar, en permanecer dentro de los espacios y de los rostros hasta que algo —aunque sea mínimo— empiece a revelarse.
Hay una sensación muy marcada de repetición, de ciclos que no terminan de romperse. Los personajes parecen atrapados en una especie de rutina emocional donde el pasado sigue filtrándose constantemente en el presente. Diaz no subraya esto con grandes gestos, lo deja aparecer de forma gradual, casi imperceptible, como si la memoria fuera algo que se infiltra más que algo que se recuerda activamente.
Visualmente, la película vuelve a encontrar su punto más alto. La cinematografía —trabajada por el propio Lav Diaz— tiene una cualidad muy particular, casi hipnótica. El blanco y negro no solo estiliza la imagen, sino que la despoja de todo lo innecesario, dejando solo formas, sombras y texturas. Hay planos que parecen sostenerse por sí mismos, donde el encuadre se convierte en un espacio de contemplación más que en un vehículo narrativo.
Los paisajes y los interiores tienen un peso muy fuerte. No son simplemente lugares donde ocurren cosas; son espacios cargados, atravesados por el tiempo. Hay una quietud que no es vacía, sino densa, como si cada plano contuviera algo que no termina de decirse.
El ritmo, como es habitual en Diaz, es extremo. Los planos largos, la falta de cortes, la duración general… todo contribuye a una experiencia que exige paciencia. Pero dentro de esa exigencia también aparece algo muy particular: una forma distinta de percibir. Cuando la película logra atrapar, lo hace no por lo que cuenta, sino por cómo te obliga a mirar.
Narrativamente, todo es difuso, fragmentario. No hay una progresión clara ni una resolución en el sentido clásico. Más bien hay una acumulación de momentos, de presencias, de gestos que van construyendo una atmósfera antes que una historia.
Y sin embargo, dentro de esa aparente dispersión, hay una coherencia muy fuerte. Diaz no está improvisando; está trabajando dentro de un lenguaje muy definido, donde cada decisión —por mínima que parezca— responde a una forma muy específica de entender el cine.
Butterflies Have No Memory no es una película que se imponga de inmediato. Es más bien una experiencia que se va asentando con el tiempo, que exige una cierta disposición para entrar en su ritmo. Pero cuando esa conexión aparece, lo que queda es una sensación bastante particular: la de haber estado dentro de algo más cercano a un estado mental que a una narración tradicional.
Y ahí es donde la película encuentra su valor. No en lo que muestra de forma directa, sino en lo que deja flotando. En esa combinación de imagen, tiempo y silencio que, poco a poco, termina construyendo algo mucho más grande de lo que parece en la superficie.
Butterflies Have No Memory, de Lav Diaz, es una de esas películas donde todo parece moverse en un estado suspendido, como si el tiempo no avanzara sino que se acumulara. No hay una urgencia narrativa ni una estructura que guíe de forma clara; lo que hay es una insistencia en observar, en permanecer dentro de los espacios y de los rostros hasta que algo —aunque sea mínimo— empiece a revelarse.
Hay una sensación muy marcada de repetición, de ciclos que no terminan de romperse. Los personajes parecen atrapados en una especie de rutina emocional donde el pasado sigue filtrándose constantemente en el presente. Diaz no subraya esto con grandes gestos, lo deja aparecer de forma gradual, casi imperceptible, como si la memoria fuera algo que se infiltra más que algo que se recuerda activamente.
Visualmente, la película vuelve a encontrar su punto más alto. La cinematografía —trabajada por el propio Lav Diaz— tiene una cualidad muy particular, casi hipnótica. El blanco y negro no solo estiliza la imagen, sino que la despoja de todo lo innecesario, dejando solo formas, sombras y texturas. Hay planos que parecen sostenerse por sí mismos, donde el encuadre se convierte en un espacio de contemplación más que en un vehículo narrativo.
Los paisajes y los interiores tienen un peso muy fuerte. No son simplemente lugares donde ocurren cosas; son espacios cargados, atravesados por el tiempo. Hay una quietud que no es vacía, sino densa, como si cada plano contuviera algo que no termina de decirse.
El ritmo, como es habitual en Diaz, es extremo. Los planos largos, la falta de cortes, la duración general… todo contribuye a una experiencia que exige paciencia. Pero dentro de esa exigencia también aparece algo muy particular: una forma distinta de percibir. Cuando la película logra atrapar, lo hace no por lo que cuenta, sino por cómo te obliga a mirar.
Narrativamente, todo es difuso, fragmentario. No hay una progresión clara ni una resolución en el sentido clásico. Más bien hay una acumulación de momentos, de presencias, de gestos que van construyendo una atmósfera antes que una historia.
Y sin embargo, dentro de esa aparente dispersión, hay una coherencia muy fuerte. Diaz no está improvisando; está trabajando dentro de un lenguaje muy definido, donde cada decisión —por mínima que parezca— responde a una forma muy específica de entender el cine.
Butterflies Have No Memory no es una película que se imponga de inmediato. Es más bien una experiencia que se va asentando con el tiempo, que exige una cierta disposición para entrar en su ritmo. Pero cuando esa conexión aparece, lo que queda es una sensación bastante particular: la de haber estado dentro de algo más cercano a un estado mental que a una narración tradicional.
Y ahí es donde la película encuentra su valor. No en lo que muestra de forma directa, sino en lo que deja flotando. En esa combinación de imagen, tiempo y silencio que, poco a poco, termina construyendo algo mucho más grande de lo que parece en la superficie.
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human sapien
human sapien
Butterflies Have No Memory
surigao city once the 374772 mines have been shut down cuz of tax (the way we had theatres there back then💔):
surigao city once the 374772 mines have been shut down cuz of tax (the way we had theatres there back then💔):
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human sapien
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surigao city once the 374772 mines have been shut down cuz of tax (the way we had theatres there back then💔):
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endo
endo
Butterflies Have No Memory
Mon deuxième Lav Diaz, et il frôle la perfection.

J’ai adorer regarder ce film, cette ambiance que Lav Diaz arrive à nous transmettre est juste exceptionnel, on pourrait croire que l’on regarde un documentaire grâce a la proximité que l’on a avec les personnages et l’atmosphère réaliste. On retrouve le réalisme à la Melancholia, mais aussi une histoire très touchante et qui pourrait tous nous arriver un jour.

Il n’y a pas d’autre mot que la nostalgie pour décrire ce film, chacun est nostalgique d’une époque passée. Les hommes, qui passent leurs temps à boire, sont nostalgiques de l’époque où les mines étaient encore ouverte et que il y’avait une activité florissante dans leurs villes, cette même mine qui permettait à la population d’avoir un métier, l’un d’entre eux était chef de la sécurité, il a gardé son pistolet en souvenir d’une époque révolue où il avait dû pouvoir, ou il existait.

La femme, Martha, est nostalgique de l’époque où elle vivait encore au philippines, étant partie vivre au Canada lorsqu’elle avait 9 ans. Ce décalage qu’elle a avec la population étant restaient dans la ville est fortement marqué par la langue, elle parle anglais tandis que eux lui répondent en philippins.

Lav Diaz, en 1h arrive à créer une histoire qui tiendrait sur 5h facilement et nous faire nous attacher aux personnages, je considère d’ailleurs les 20 dernières minutes comme exceptionnel et le tout dernier plan est probablement l’une des meilleures choses qu’un cinéaste est pu produire avec sa caméra.
Mon deuxième Lav Diaz, et il frôle la perfection.

J’ai adorer regarder ce film, cette ambiance que Lav Diaz arrive à nous transmettre est juste exceptionnel, on pourrait croire que l’on regarde un documentaire grâce a la proximité que l’on a avec les personnages et l’atmosphère réaliste. On retrouve le réalisme à la Melancholia, mais aussi une histoire très touchante et qui pourrait tous nous arriver un jour.

Il n’y a pas d’autre mot que la nostalgie pour décrire ce film, chacun est nostalgique d’une époque passée. Les hommes, qui passent leurs temps à boire, sont nostalgiques de l’époque où les mines étaient encore ouverte et que il y’avait une activité florissante dans leurs villes, cette même mine qui permettait à la population d’avoir un métier, l’un d’entre eux était chef de la sécurité, il a gardé son pistolet en souvenir d’une époque révolue où il avait dû pouvoir, ou il existait.

La femme, Martha, est nostalgique de l’époque où elle vivait encore au philippines, étant partie vivre au Canada lorsqu’elle avait 9 ans. Ce décalage qu’elle a avec la population étant restaient dans la ville est fortement marqué par la langue, elle parle anglais tandis que eux lui répondent en philippins.

Lav Diaz, en 1h arrive à créer une histoire qui tiendrait sur 5h facilement et nous faire nous attacher aux personnages, je considère d’ailleurs les 20 dernières minutes comme exceptionnel et le tout dernier plan est probablement l’une des meilleures choses qu’un cinéaste est pu produire avec sa caméra.
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Eclectic Sorcerer
Eclectic Sorcerer
Butterflies Have No Memory
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