Las sombras, desde una perspectiva teatral y platónica, representan las mentiras y falacias que interrumpen el conocimiento.
En este caso, estas han cobrado un nuevo sentido, son la alétheia ( la verdad revelada ), el desocultamiento de una realidad familiar desapasionada.
El amor que permanece en el hogar, es el reflejo oscuro de este, inherente a las paredes que habitan. El matrimonio que una vez fue uno apasionado y risueño, ahora yace en un mero deseo, en lujuria.
Mientras el hombre sale a trabajar y la hija juega libremente, la madre exhibe su decepción y su frustración, mediante la bebida.
Esta figura femenina admira y añora su pasado, es espectadora de lo que una vez fue preciado, una estima que no parecía fugaz pero escapó efímeramente de sus manos.
Aunque esta relación haya caducado, los dos siguen intentándolo, en un ocaso de sexo y compromiso, intentando luchar por un objetivo: la familia nipona tradicional.
Una cosa a destacar es que este corto no posee diálogos, pues las imágenes dicen mucho más de lo que cualquier voz podría expresar.
El final es igual de cautivador, la cámara se aleja para mostrar el set de rodaje, pero la mujer permanece en la mesa, desconsolada junto a una copa de vino, acompañada únicamente de su sombra, mientras el equipo directivo va desmontando lo que era el escenario. Quizás la verdad es la misma, pero comercializada mediante la cámara, la actriz dice mucho más de la sociedad y del matrimonio que cualquier romcom hecha largometraje.
Las sombras, desde una perspectiva teatral y platónica, representan las mentiras y falacias que interrumpen el conocimiento.
En este caso, estas han cobrado un nuevo sentido, son la alétheia ( la verdad revelada ), el desocultamiento de una realidad familiar desapasionada.
El amor que permanece en el hogar, es el reflejo oscuro de este, inherente a las paredes que habitan. El matrimonio que una vez fue uno apasionado y risueño, ahora yace en un mero deseo, en lujuria.
Mientras el hombre sale a trabajar y la hija juega libremente, la madre exhibe su decepción y su frustración, mediante la bebida.
Esta figura femenina admira y añora su pasado, es espectadora de lo que una vez fue preciado, una estima que no parecía fugaz pero escapó efímeramente de sus manos.
Aunque esta relación haya caducado, los dos siguen intentándolo, en un ocaso de sexo y compromiso, intentando luchar por un objetivo: la familia nipona tradicional.
Una cosa a destacar es que este corto no posee diálogos, pues las imágenes dicen mucho más de lo que cualquier voz podría expresar.
El final es igual de cautivador, la cámara se aleja para mostrar el set de rodaje, pero la mujer permanece en la mesa, desconsolada junto a una copa de vino, acompañada únicamente de su sombra, mientras el equipo directivo va desmontando lo que era el escenario. Quizás la verdad es la misma, pero comercializada mediante la cámara, la actriz dice mucho más de la sociedad y del matrimonio que cualquier romcom hecha largometraje.