Una película bélica en la que cambias el campo de batalla por una prisión militar, pero mantienes las mismas reglas: liderazgo, estrategia y la inevitable lucha de egos entre dos hombres que no pueden coexistir. Robert Redford, con su aura de general retirado y moral inquebrantable, se enfrenta a James Gandolfini, un alcaide con complejo de emperador y una inclinación por el abuso de poder.
La narrativa se mueve con el rigor de una campaña bélica: posicionamiento, alianzas, resistencia y, cuando llega el momento, rebelión.
Redford no necesita sobreactuar porque es Robert Redford, y eso ya es suficiente para que creamos que un batallón de convictos lo seguiría hasta el infierno. Gandolfini, por su parte, no busca la villanía de manual, sino la mediocridad del hombre pequeño con demasiado poder, el burócrata con uniforme que confunde respeto con miedo.
No es una obra maestra, pero tiene músculo, pulso y un clímax que se gana a base de paciencia y estrategia. Es cine de manual.
Una película bélica en la que cambias el campo de batalla por una prisión militar, pero mantienes las mismas reglas: liderazgo, estrategia y la inevitable lucha de egos entre dos hombres que no pueden coexistir. Robert Redford, con su aura de general retirado y moral inquebrantable, se enfrenta a James Gandolfini, un alcaide con complejo de emperador y una inclinación por el abuso de poder.
La narrativa se mueve con el rigor de una campaña bélica: posicionamiento, alianzas, resistencia y, cuando llega el momento, rebelión.
Redford no necesita sobreactuar porque es Robert Redford, y eso ya es suficiente para que creamos que un batallón de convictos lo seguiría hasta el infierno. Gandolfini, por su parte, no busca la villanía de manual, sino la mediocridad del hombre pequeño con demasiado poder, el burócrata con uniforme que confunde respeto con miedo.
No es una obra maestra, pero tiene músculo, pulso y un clímax que se gana a base de paciencia y estrategia. Es cine de manual.