Una de mis lecturas favoritas hecha película “Las batallas en el desierto” más que un retrato cómico acerca de el típico chiquillo que se enamora de la mamá de otro es una lectura para crear conciencia de la nostalgia del México del ayer, un México que ya no existe.
Esta lectura/película renace como fénix, la gentrificación está a la vuelta de la esquina, con este tipo de cintas donde solo vemos como poco a poco estamos entrando en esta falsa “modernización”, es más, desde aquella época notamos la entrada de los gringos a nuestra nación, “okei, tenkiu, naistomityu, guat” son palabras ajenas que nos metieron poco a poco hasta apropiarlas en el léxico coloquial de la población, la llegada de: el refresco, las donas, los hot dogs y la coca-cola. Todo un compendio de cosas que poco a poco vamos normalizando a tal punto que en estos últimos años no podemos vivir sin un McDonalds en el centro comercial.
Carlos nos muestra lo cambiada que es la ciudad, próximamente van a demoler las casas para convertirlas en condominios y estacionamientos. Poco a poco van desapareciendo lo que era México, es más, ni ejemplos puedo poner porque desde que nací México ya no existe. Hoy en día hasta los organilleros son una molestia para nuestros patrones los americanos.
Viendo esta película y volviendo a experimentar el libro una vez más me doy cuenta de algo…
Siempre seremos las perras de los gringos, de un golpazo nos sientan y vamos con la cola entre las patas esperando a que nos abran la mano para poder comer.
Y todavía hay gente que los defiende.
En cuanto adaptación me encantó, aunque claro como siempre es sabido es mejor quedarse con el libro, hay tantas cosas que están presentes pero que se sienten diferentes en la película, yo al momento de leer sentía más prepotentes a los padres a tal punto de llegar a los golpes. Mariana obviamente hermosisima, tanto como en la lectura como en la película, es curioso cómo antes el “pecado” estaba presente en todo momento, nadie nos entendía, el mundo ha cambiado.
Una de mis lecturas favoritas hecha película “Las batallas en el desierto” más que un retrato cómico acerca de el típico chiquillo que se enamora de la mamá de otro es una lectura para crear conciencia de la nostalgia del México del ayer, un México que ya no existe.
Esta lectura/película renace como fénix, la gentrificación está a la vuelta de la esquina, con este tipo de cintas donde solo vemos como poco a poco estamos entrando en esta falsa “modernización”, es más, desde aquella época notamos la entrada de los gringos a nuestra nación, “okei, tenkiu, naistomityu, guat” son palabras ajenas que nos metieron poco a poco hasta apropiarlas en el léxico coloquial de la población, la llegada de: el refresco, las donas, los hot dogs y la coca-cola. Todo un compendio de cosas que poco a poco vamos normalizando a tal punto que en estos últimos años no podemos vivir sin un McDonalds en el centro comercial.
Carlos nos muestra lo cambiada que es la ciudad, próximamente van a demoler las casas para convertirlas en condominios y estacionamientos. Poco a poco van desapareciendo lo que era México, es más, ni ejemplos puedo poner porque desde que nací México ya no existe. Hoy en día hasta los organilleros son una molestia para nuestros patrones los americanos.
Viendo esta película y volviendo a experimentar el libro una vez más me doy cuenta de algo…
Siempre seremos las perras de los gringos, de un golpazo nos sientan y vamos con la cola entre las patas esperando a que nos abran la mano para poder comer.
Y todavía hay gente que los defiende.
En cuanto adaptación me encantó, aunque claro como siempre es sabido es mejor quedarse con el libro, hay tantas cosas que están presentes pero que se sienten diferentes en la película, yo al momento de leer sentía más prepotentes a los padres a tal punto de llegar a los golpes. Mariana obviamente hermosisima, tanto como en la lectura como en la película, es curioso cómo antes el “pecado” estaba presente en todo momento, nadie nos entendía, el mundo ha cambiado.