Tengo la piel chinita y los pelos de punta.
Vanguardista, experimental, poético y transgresor.
Rubén Gámez y su obra resisten de forma atemporal como reflejo de la sociedad mexicana.
Un país construido sobre sangre; dónde por más que se intente olvidar aquel pasado esté persiste casi dentro de un imaginario colectivo.
Formando así la idiosincrasia de un pueblo habitado por huérfanos de una patria sin padre.
Dónde se adora la figura de una virgen, la figura de una madre que dio a luz por obra del espíritu santo. Pero sin embargo, se sigue mancillando a la mujer olvidando aquella devoción que le fue jurada ante un “Dios” heredado de una conquista espiritual.
¿Que es la libertad para un país que nunca la ha conocido?
Tengo la piel chinita y los pelos de punta.
Vanguardista, experimental, poético y transgresor.
Rubén Gámez y su obra resisten de forma atemporal como reflejo de la sociedad mexicana.
Un país construido sobre sangre; dónde por más que se intente olvidar aquel pasado esté persiste casi dentro de un imaginario colectivo.
Formando así la idiosincrasia de un pueblo habitado por huérfanos de una patria sin padre.
Dónde se adora la figura de una virgen, la figura de una madre que dio a luz por obra del espíritu santo. Pero sin embargo, se sigue mancillando a la mujer olvidando aquella devoción que le fue jurada ante un “Dios” heredado de una conquista espiritual.
¿Que es la libertad para un país que nunca la ha conocido?