Wyrmwood es una de esas películas que existen por el "¡JA JA, SI!", que dan la sensación de haber sido escritas por alguien con exceso de pizza y cerveza en el organismo.
Situación: lluvia de meteoritos inunda la tierra con gas tóxico que convierte a la población en zombis, con solo un puñado de humanos inmunes por su grupo sanguíneo.
Hasta ahí... pues normal. Fenómenos celestiales trayendo consigo el apocalipsis zombi no es un concepto nuevo: La Noche del Cometa ya lo hizo, y hasta era una de las ideas primordiales tras las causas de La Noche de los Muertos Vivientes de Romero.
Pero esto viene de Australia y ahí comienzan las ideas de bombero. La caquita tóxica espacial ha dejado inertes a los líquidos inflamables, como la gasolina, que ya no arde. Pero los zombis emiten gases combustibles y su sangre prende fuego que es un primor. Así que en una deriva a una suerte de road movie con toques de Mad Max de andar por casa, la solución radica en enchufar a un zombi a tu motor y zas, combustible para rato.
Es muy what the fuck todo el concepto.
Por desgracia pese a la gracia macarra que destila, la película nunca llega a explotar del todo. Y el tono a veces no parece saber si quedarse con ese aire más lúdico y pasado de vueltas o meter virajes ocasionales a horror puro (el mejor y más amargo ejemplo hacia el comienzo de la historia). No es realmente hasta el último acto, con la introducción de otra idea loca de cojones que bien puede ser un salto de tiburón que la cosa empieza a pillar gracia de verdad, pero para entonces ya se nos ha acabado.
Wyrmwood es simpática, me ha gustado, consigue meter algo de originalidad en el subgénero de difuntos meriendapersonas... pero la cosa se queda en lo más superficial y deja con sensación de haber podido ser mucho más.
Wyrmwood es una de esas películas que existen por el "¡JA JA, SI!", que dan la sensación de haber sido escritas por alguien con exceso de pizza y cerveza en el organismo.
Situación: lluvia de meteoritos inunda la tierra con gas tóxico que convierte a la población en zombis, con solo un puñado de humanos inmunes por su grupo sanguíneo.
Hasta ahí... pues normal. Fenómenos celestiales trayendo consigo el apocalipsis zombi no es un concepto nuevo: La Noche del Cometa ya lo hizo, y hasta era una de las ideas primordiales tras las causas de La Noche de los Muertos Vivientes de Romero.
Pero esto viene de Australia y ahí comienzan las ideas de bombero. La caquita tóxica espacial ha dejado inertes a los líquidos inflamables, como la gasolina, que ya no arde. Pero los zombis emiten gases combustibles y su sangre prende fuego que es un primor. Así que en una deriva a una suerte de road movie con toques de Mad Max de andar por casa, la solución radica en enchufar a un zombi a tu motor y zas, combustible para rato.
Es muy what the fuck todo el concepto.
Por desgracia pese a la gracia macarra que destila, la película nunca llega a explotar del todo. Y el tono a veces no parece saber si quedarse con ese aire más lúdico y pasado de vueltas o meter virajes ocasionales a horror puro (el mejor y más amargo ejemplo hacia el comienzo de la historia). No es realmente hasta el último acto, con la introducción de otra idea loca de cojones que bien puede ser un salto de tiburón que la cosa empieza a pillar gracia de verdad, pero para entonces ya se nos ha acabado.
Wyrmwood es simpática, me ha gustado, consigue meter algo de originalidad en el subgénero de difuntos meriendapersonas... pero la cosa se queda en lo más superficial y deja con sensación de haber podido ser mucho más.